Columnistas

Basta de represión, por los niños

La represión de la inmigración responde solo a una actitud irracional, alentada por demagogos

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

01:23 / 28 de julio de 2014

Escribió Marc Bassets, en El País de España, que Brenda Alonzo, guatemalteca y empleada en un hotel de Maryland, hace dos años pagó $us 9.000 a un coyote (encargado de traer inmigrantes a EEUU) para que le trajese a su hijo de 16 años, y luego pagó $us 13.000 por traer a su hija, de 13, aunque no pudo salvar al mayor, de 19 años: “Él anda en drogas. Me ha amenazado por teléfono”, dice Brenda. Muchos centroamericanos residentes en EEUU, antes que dejar a sus hijos en sus países expuestos a la violencia, la droga y la miseria, intentan traerlos a EEUU aunque el precio sea un trayecto largo, peligroso y caro.

Desde octubre, el gobierno de Obama  ha apresado más de 50.000 menores de 17 años, cifra que supera en 15 veces a la de 2011, y se estima que desde 2012 podrían haber cruzado la frontera 300.000 menores. Cerca del 3% ha sido repatriado a Centroamérica, según algunos cálculos. Además de acelerar las deportaciones de niños (y desmembrarlos de sus familias, dicho sea de paso) la administración Obama destinará la friolera de $us 161.500 millones este año a la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana, dinero que aportarán por vía impositiva los empobrecidos ciudadanos.

Los inmigrantes no perjudican al país receptor, la represión de la inmigración responde solo a una actitud irracional, alentada por demagogos. Por caso, la Comisión Europea presentó un estudio, del Migration Policy Centre, mostrando que después de la II Guerra Mundial Europa contenía al 14,5% de la población global, pero hoy solo el 7%, es decir, que queda espacio para muchos habitantes, para aportar más trabajo y, por ende, más riqueza. Por caso, Alemania, con 10% de población foránea, tiene solo 5% de desocupados. Hay muchísimo trabajo para hacer, si el monopolio estatal de la violencia no lo reprime, con leyes laborales como el salario mínimo,  que deja formalmente desocupados a los que ganarían menos.

La violencia solo destruye, jamás construye ni puede “defender” algo bueno. Si el trabajo, y el mercado en general, no fuera reprimido por los gobiernos, los países serían progresistas y no cabría algo tan doloroso como tener que emigrar del hogar. Pero buena parte de toda la culpa la tiene la “guerra contra las drogas”, drogas que son muy dañinas, pero que es un contrasentido querer solucionar el problema reprimiendo, y creando la violencia y el caos en Centroamérica.

¿Por qué se reprimen violentamente   —utilizando el poder estatal— algunas drogas muy dañinas si, por mucho, la principal causa global de muerte entre jóvenes (unos 1.000 diarios) son los accidentes de tránsito? ¿Por qué no prohibir el tránsito? Cualquiera puede comprar droga, pero las autoridades no atrapan a los traficantes. No los quieren atrapar. La “prohibición” deja traficar solo a quienes sobornan a los funcionarios adecuadamente, y este violento monopolio provoca “competencia” sucia: guerras y que estas sustancias nocivas tengan un altísimo precio financiando terroristas, como las FARC, que son la segunda organización global en tráfico de drogas, responsable del 60% de la cocaína que llega a Estados Unidos.

La solución pasa por terminar con toda represión violenta, como la guerra contra las drogas, contraproducente como toda guerra, iniciada y comandada por Washington desde hace más de 50 años, y una de las más sanguinarias con más muertos que por la propia droga y que solo en México lleva más víctimas que la de Vietnam. 

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