Columnistas

Beatificación de Óscar Romero

San Romero de América fue asesinado en el momento en que levantaba la hostia en plena misa

La Razón (Edición Impresa) / Xavier Albó

00:04 / 24 de mayo de 2015

Este sábado 23, El Salvador en particular y América Latina en general estarán de fiesta por la tan esperada beatificación del que hace décadas ya es llamado popularmente San Romero de América. Francisco dijo que si hubiera sido papa antes, Óscar Romero habría sido beatificado hace ya varios años.

San Romero de América fue asesinado en el momento en que levantaba la hostia en plena misa en la capilla de las religiosas del hospital donde vivía, una única y certera bala en el corazón. En la homilía del domingo anterior había expresado una célebre exhortación al Ejército salvadoreño: “En nombre de Dios, les pido, les suplico, les ordeno que cese la represión”. Durante aquella semana se habían registrado más de 100 asesinatos en diversos eventos sin combate.

La postulación de su beatificación empezó en 1990. Cuatro años después llegó a Roma, pero se estancó durante más de diez años debido a la falta de voluntad política por parte de algunos sectores eclesiásticos de derecha, que consideraban a monseñor Romero demasiado ligado con la izquierda. El papa Francisco destrabó el trámite en febrero de este año al proclamar oficialmente a Romero como mártir, asesinado por “odio a la fe”; concepto este último entendido como el odio sistemático a las consecuencias de la fe, por ejemplo, actos de amor en favor de los más necesitados, pese a que muchos de los autores intelectuales de los asesinatos denunciados por monseñor Romero se autodenominaban cristianos.

Es significativo que el mismo día en que Francisco declaró formalmente mártir a Romero hizo lo mismo para dos misioneros polacos y otro italiano, quienes, pese a las amenazas del grupo guerrillero Sendero Luminoso contra su vida, decidieron seguir trabajando de manera habitual, sin ocultarse, en el Perú. Los tres serán beatificados este diciembre.

Hace unos días, en Roma, Francisco se encontró con Nayib Bukeke, el alcalde electo de San Salvador, y le adelantó su voluntad de beatificar también al jesuita Rutilio Grande, asesinado de igual manera por su labor evangélica. Sería oportuno hacer lo propio con dos de sus catequistas campesinos que fueron asesinados en el mismo evento, uno de 72 años y otro de tan solo 16, cuando ambos se dirigían a una parroquia de Aguilares para asistir a misa.

Romero fue inicialmente nombrado arzobispo con la anuencia de la derecha y de un sector del clero que lo consideraba más cercano a ellos que el otro candidato, quien después de hecho le sucedió. Y justamente fue aquel asesinato el que causó en Romero el giro que ahora todos conocemos, exigiendo una explicación convincente por este crimen (que nunca obtuvo), y por la razón por la cual hoy lo tenemos ya en los altares.

Esta es otra de las particularidades de muchos de nuestros mártires contemporáneos en América Latina. En realidad en este caso San Romero y sus compañeros mártires, no solo Rutilio y sus dos catequistas, sino también los mártires de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA) años después; además de doña Elba y su hija Celina de 16 años, quienes por seguridad se habían quedado a dormir en la misma casa de Romero; así como también las “nubes de testigos” en torno a estos hechos. En este caso resaltan los más de 500 campesinos, hombres, mujeres y niños, que fueron asesinados deliberadamente por el batallón Atlacatl en El Mozote y poblados aledaños poco después de la muerte de Romero.

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