Columnistas

Beligerancia digital

La beligerancia que ha alcanzado la opinión pública ‘digital’ manifiesta una tendencia creciente

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha fuentes

00:37 / 29 de abril de 2016

Bolivia asiste al fenómeno de la Sociedad de la Información con retraso, y el Gobierno ha tardado muchísimo más de lo necesario en entender no solo la necesidad, sino también las lógicas y dinámicas que se activan a través de las redes sociales. Se podría decir que estamos apenas viviendo las consecuencias de estas reconfiguraciones, pues finalmente existe un clima de opinión pública que, resultados del referéndum constitucional de por medio, está generando cambios actitudinales en determinadas posiciones políticas. Ojo, la idea es tratar de pensar que estos nuevos climas de opinión no encuentran ni su causa ni efecto en/por las redes sociales, sino que más bien se integran (con sus novedades y características bajo el brazo) a un escenario político mucho más complejo, de nivel nacional.

El éxito de las oposiciones en la gestión de redes sociales en el pasado referéndum permitió que, junto al resultado del plebiscito, exista un proceso de empoderamiento ciudadano que mal ha sabido observar y asumir el Ejecutivo; y de esto da cuenta el inicio de torpes estrategias gubernamentales parciales en el tema.

Llevamos todos los años de este Gobierno insistiendo en la necesidad de ingresar de manera eficiente y eficaz al tren de la Sociedad de la Información y, definitivamente, es una pésima idea que cualquier iniciativa en el tema emerja de manera reactiva a malos resultados electorales. Es una pésima idea porque el Gobierno no ha sabido entender lo que está pasando en estos espacios virtuales, y si de alguna manera lo está entendiendo, lo poco comprendido está cambiando ahora. La beligerancia que ha alcanzado la opinión pública “digital” tiene una tendencia solo al crecimiento.

Muchos de los que generan y lideran la opinión pública son, o se han vuelto, mayoritariamente opositores, y —con énfasis en los últimos meses— no presentan ningún reparo en abusar de los insultos y adjetivos para enfrentarse a quienes son oficialistas. Por el otro lado, quienes defienden al oficialismo, y que generalmente han apelado al uso de esos mismos insultos y adjetivos contra los otros, parecieran haber endurecido sus posiciones y haber atrincherado a los suyos para la defensa. A esto hay que sumarle un escenario político “físico” en el que el Gobierno ha perdido toda creatividad a la hora de gestionar los conflictos y la conflictividad social; más que nunca pareciera involucrar a las y los más débiles. Y, en el otro lado, se encuentra un conglomerado de oposiciones ciudadanas que parecieran olvidar con mucha facilidad que a pesar de la pasada derrota electoral, el Presidente sigue manteniendo niveles de aprobación por encima del 50%, y que este Gobierno no se constituye de ninguna manera en una dictadura.

Si ya era dramático que las oposiciones hubieran asistido a este momento político sin proyecto; y ya era preocupante que el Gobierno, desde hace varios meses, diera cuenta de estar perdiendo la iniciativa y la sensación de las calles, ciertamente es devastador pensar que, como ciudadanía, hemos ingresado a un escenario polarizado y beligerante como el que se puede presenciar hoy en las redes sociales. Probablemente es ahí donde anidarán las causas/consecuencias directas de su irrupción en la política: en nuestra cultura democrática. 

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