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Bibliotecas y billetes

Lo decía Felipito, ‘es una pena que en el mundo se impriman más billetes que libros’

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

00:24 / 28 de noviembre de 2014

Lo decía Felipito, esa genial creación del argentino Quino, “es una pena que en el mundo se impriman más billetes que libros”.  Hace ya casi 3.000 años los chinos inventaron el papel moneda. Inventaron también que en algún lugar existieran monedas que respaldasen a esos papeles hechos de corteza de árbol y le hicieron a la población una oferta que no podría rechazar: si no aceptaban esos primigenios billetes, sufrirían la pena de muerte. Así “de a buenitas” cualquiera entiende y el modelo se impuso. Claro que el emperador decretó que el ciudadano en cuanto quisiera pudiera cambiar esos billetes por las convencionales monedas.

Con los años el sistema se impuso universalmente, pero Estados Unidos le dio una vuelta: la posibilidad de imprimir billetes sin respaldo de oro necesariamente basados en su poder de primera potencia, poder ahora cada vez más cuestionado precisamente por los inventores del papel moneda.

Y bueno, es en billetes como se compran los otros papeles, los de las bibliotecas y los archivos. Así fueron a parar a Estados Unidos algunos de los papeles reunidos de los intelectuales más destacados del mundo. La última noticia tiene que ver con los originales y las cartas, entre otros documentos, del genial creador de Macondo, Gabriel García Márquez, que ahora descansan en Austin Texas.

Claro, la universidad que los compró se defiende señalando que los pondrán en manos de los investigadores y del público en general. Sigo pensando que eso también pudo hacerse en Colombia; por ejemplo en Cartagena de Indias o en Bogotá, si me aprietan.

Y mientras escribo esto, recuerdo que los papeles de Guillermo Lora, el mítico revolucionario trotskista boliviano, fueron a parar a Inglaterra. Increíble. Vendidos en libras esterlinas ahí donde difícilmente podrán llegar los investigadores bolivianos. Tuve mis más y mis menos con Guillermo, pero seguro estoy de que no era su voluntad que lo que había reunido y escrito terminara en Europa. No en vano su diccionario se llamó Lora y Bolivia.

En el caso del maestro de Lora, León Trotsky, también sus archivos están en una universidad gringa, solo que en este caso no fue por dinero, sino por la seguridad de que hasta ahí no llegaría la negra mano del stalinismo.

Hace muchos años un académico norteamericano me dijo que en Nueva York había más papeles sobre Gabón que en el propio país africano. Una lástima. Una verdadera lástima. Mientras me lamento deberé ir ahorrando, porque el pasaje a Austin debe valer una fortuna.

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