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Bibliotecas físicas y digitales

En fin, se han hecho grandes esfuerzos (pareciera) para evitar que se investigue y se lea.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:00 / 06 de julio de 2014

Recién nos enteramos que las computadoras portátiles que el Ministerio de Educación planea repartir a los estudiantes de último curso de secundaria solo podrán ser utilizadas en la biblioteca de sus colegios. Para que esa medida funcione, habría que primero hacer un sondeo de cuántas escuelas en el área rural tienen una biblioteca que no sea un estante en la oficina de la Dirección; y cuántas escuelas en el área urbana cuentan con espacio suficiente en sus bibliotecas para albergar a todos los estudiantes trabajando con sus computadoras simultáneamente, e incluso para guardar las computadoras de manera segura y adecuada.

Si las computadoras son herramientas de investigación y aprendizaje para los estudiantes, lo lógico es que puedan usarlas luego del horario de clases, en la realización de sus proyectos y tareas. Pero al no poder sacarlas de la biblioteca, deberán quedarse después de clase en el colegio a realizar sus deberes en sus portátiles. El problema es que en las ciudades la mayoría de los colegios públicos comparten infraestructura con otras unidades educativas, así que fuera de su horario de clases los estudiantes no pueden acceder a la biblioteca ni a las aulas de su escuela, porque las están usando otros estudiantes.

Más allá de la broma de mal gusto que supone para un adolescente el que le otorguen una computadora que no puede usar más que en espacios y horarios restringidos, esta medida es en realidad contraproducente. Si es que, como se ha publicitado, los aparatos tienen una biblioteca digital instalada y la posibilidad de acceder a importantes bibliotecas digitales públicas en la red, ¿se pretende que los estudiantes lean estos libros solamente durante los minutos que estén sentados en la biblioteca física junto a sus profesores? Esto replica de manera lamentable la tara que ya existe en casi todas las bibliotecas públicas de Bolivia: los libros solo pueden leerse en sala, no se pueden hojear en los estantes, rara vez se permite llevarlos a la casa para leerlos tranquilamente, hay muchas restricciones (prácticas y legales) para fotocopiarlos, y los ambientes de las bibliotecas son  estrechos, mal iluminados, fríos y hacinados. En fin, se han hecho grandes esfuerzos (pareciera) para evitar que se investigue y se lea. Y cuando la tecnología permite que los estudiantes puedan al fin acceder a libros fuera de los ambientes ófricos de las bibliotecas, se les obliga a solo poder investigar, escribir y leer en ese mismo espacio y en horas de clase, cuando se supone que deben estar escuchando al maestro.

Y luego nos quejamos de la pobre capacidad de leer e investigar que tienen los muchachos cuando llegan a las universidades.

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