Columnistas

Bicentenario de la Constitución de Cádiz

Esta Constitución pasó a ser un punto de referencia en la historia de la libertad en España y en América

La Razón / Ramón Santos

01:43 / 24 de marzo de 2012

Ante el empuje de las tropas francesas, y vacante el trono de España por las renuncias de Carlos IV y Fernando VII a favor de Napoleón Bonaparte, las Cortes españolas, refugiadas en Cádiz en 1810, emprenden la redacción de una Constitución que pasará a ser un punto de referencia en la historia de la libertad en España y en América. En los debates constituyentes, el coronel Luis de Velasco y Camberos, nacido en Charcas en 1772, diputado por el Virreinato de Buenos Aires, se distinguió defendiendo con brillantez la igualdad de representación de las provincias americanas. Luis de Velasco participó también en los debates sobre las reformas de ultramar y fue uno de los firmantes de la Constitución. Este valeroso militar, uno de los 86 representantes americanos que participaron en la redacción de la Constitución, es aún hoy recordado por una lápida erigida en su honor en la iglesia de San Felipe Neri, donde se reunieron las Cortes.

El día 19 de marzo se cumplió el bicentenario de la Constitución de Cádiz, promulgada en esa hermosa ciudad andaluza en esa fecha en 1812, día de la festividad de San José, por lo que fue conocida popularmente como “La Pepa”. En ella se plasmaron, de forma innovadora, valores trascendentales como la soberanía nacional, la representación democrática, la separación de poderes, la igualdad jurídica y la libertad individual. Pero, además, esta Constitución, que inició un proceso revolucionario en España y tuvo una marcada influencia en la independencia de los territorios americanos, determinó la abolición de las formas de trabajo colonial, como la encomienda, la mita, o el reparto; suprimió el tributo indígena y estableció el sufragio universal, que implicaba el derecho al voto de la población india.

En los debates de Cádiz, destacó también la figura de otro constituyente, Dionisio Inca Yupanqui, representante de los pueblos originarios, nacido en Cuzco, diputado por el Virreinato del Perú, quien realizó una acendrada defensa de la igualdad de todos los americanos, indios, negros, criollos y españoles. “Como Inca, Indio y Americano, ofrezco a la consideración de V.M. un cuadro sumamente instructivo…”, que consistía en un decreto que mandaba a los virreyes y a los presidentes de las Audiencias a proteger a los indios, a que no fueran “molestados ni afligidos en sus personas y propiedades, ni se perjudique en manera alguna a su libertad personal”.

La Constitución de Cádiz fue un esfuerzo común de integración, sobre la base de la igualdad y la libertad, modelo para varias Constituciones de Europa meridional y un hito del constitucionalismo hispanoamericano.

Como un modo de celebrar este bicentenario con los países hermanos de Iberoamérica, España se ofreció para albergar la XXII Cumbre Iberoamericana, en la ciudad gaditana, los días 16 y 17 del próximo mes de noviembre, bajo el lema “Una relación renovada en el Bicentenario de la Constitución de Cádiz”.

Doscientos años después, los principios de Cádiz, aún vigentes, forman parte del código de valores de la comunidad iberoamericana, interpretados con realismo histórico y político en beneficio de nuestros pueblos. La libertad, la democracia y los derechos humanos tienen un valor fundamental para los países iberoamericanos, desde el respeto de las distintas ideologías y recordando siempre que un rasgo fundamental de nuestra Comunidad es la voluntad de fortalecer nuestros lazos por encima de las posibles diferencias.

A esta Cumbre llega un continente latinoamericano que nunca ha sido tan próspero, que ha consolidado su democracia y perfeccionado la vigencia de los derechos humanos y que nunca ha hecho tanto por la cohesión social. Lejos queda la memoria de las “décadas perdidas”, lejos queda “la soledad de América Latina”, a la que dedicó su discurso Gabriel García Márquez al aceptar el Premio Nobel de Literatura en 1982.

Las Cumbres Iberoamericanas gozan de una especificidad propia, que complementa la participación de nuestros países en otros foros y que aportan un indudable valor añadido en su servicio al ciudadano. La Comunidad iberoamericana es una realidad económica, política y cultural forjada a lo largo de la historia, que representa a casi 600 millones de personas que viven en dos continentes y que se entienden en dos lenguas hermanas. Goza ya de un acervo importante de proyectos de cooperación económica, social y cultural. Me permito recordar, a título de ejemplo y por haber sido España y Bolivia países pioneros en su ratificación, el Convenio Multilateral Iberoamericano de Seguridad Social, que permite que un ciudadano iberoamericano que haya trabajado en dos o más países de la Comunidad pueda cobrar su pensión de jubilación sumando los aportes hechos en cada uno de ellos, y sin importar donde se encuentre.

En la Cumbre de Cádiz queremos dedicar especial atención a las políticas de crecimiento económico, para aunar esfuerzos que nos permitan superar las actuales dificultades. Esfuerzos dedicados a cómo lograr reducir la pobreza en nuestras sociedades, favorecer la igualdad de oportunidades y consolidar el bienestar de nuestros ciudadanos. Esperamos, en síntesis, una Cumbre de Cádiz llena de contenidos, con propuestas concretas, volcada hacia fuera y centrada en el crecimiento económico, en la cooperación y en los problemas reales de la gente, como son el empleo y el bienestar.

El artículo 1º de la Constitución de Cádiz reza: “La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios”. En el mismo momento en que los constituyentes comprendían que la unión de españoles y americanos sólo podría preservarse en pie de igualdad, se había iniciado ya el proceso que conduciría a la creación de repúblicas independientes en América Latina. Por eso, ese artículo ha resultado ser más bien pregonero de una evolución que conduciría a nuestra comunidad iberoamericana, cuyos máximos representantes reunidos en Cádiz el mes de noviembre hablarán, basados en la soberanía, la igualdad y el respeto entre nuestras naciones, sobre cómo renovar nuestra relación, cómo hacerla más equilibrada, cómo dirigir nuestros esfuerzos de cooperación a atender las necesidades de los ciudadanos y cómo proyectar y potenciar esta comunidad en la escena mundial.

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