Columnistas

Blatter e inmundicia

Prebendas, coimas y negociados multimillonarios  son asuntos de larga data en la FIFA

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

00:01 / 02 de junio de 2015

En la sede de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), donde se cuecen las conspiraciones y maniobras políticas del balompié mundial, se ungió, una vez más (como desafiando a todos), al suizo Joseph Blatter como el dueño del fútbol. Por eso escribo este artículo horas después de las elecciones en la FIFA, y lo hago con una gran indignación por la reelección del suizo como presidente en un contexto marcado por la detención de varios jerarcas futboleros acusados de corrupción por parte de la Justicia norteamericana.

El fútbol está perdiendo por goleada. Todos sabemos que la FIFA es el “negocio que se llama fútbol”. Es el lugar donde se germinan no solamente las transacciones lícitas, sino que además —y aquí está lo más indignante— hacen los negociados ilegales en nombre del fútbol. Toda una inmundicia que está revolcando nuestras tripas; pero nadie se animaba a hurgar el avispero.

Esos señores barrigones que controlan la FIFA se sentían impunes, por eso operaban como una mafia capaz de provocar envidia a la Cosa Nostra siciliana. No es exageración, un periódico de su propio país, Suiza, llamó a Blatter “el padrino, Don Blatterone”. Prebendas, coimas y negociados multimillonarios tienen una larga data, desde que el infame Joao Havelange se adueñó del fútbol, y luego Blatter fue su mejor heredero. Ambos construyeron una red de lealtades miserables con el objetivo de eternizarse en el poder. La reciente elección de Blatter como el poderoso de la FIFA solo confirma esta sospecha. Las denuncias de corrupción no les hacen mella; o, como tituló un periódico europeo, “Blatter venció a Satanás”.

La corrupción en la FIFA era una vox pópuli,  pero nadie tenía el coraje de patear el nido de ratas, a excepción de Diego Armando Maradona, quien denunciaba recurrentemente la mugre de los negociados de la federación internacional que gobierna los destinos del fútbol mundial; incluso lo tildaban de “loco”, hasta que en un abrir y cerrar de ojos, y en los umbrales de una nueva elección, la Fiscal General de EEUU denunció formalmente a los presidentes de las diez federaciones sudamericanas por un presunto cobro de sobornos por la adjudicación de los derechos comerciales de las próximas cuatro ediciones de la Copa América. Entre ellos, el mandamás boliviano Carlos Chávez, habría recibido tres de $us 7, 5 millones, aunque este dirigente a modo de descargo aseveró que “plata por abajo no hubo nunca”.

Posiblemente uno de los 131 votos emitidos el viernes en favor de Blatter sea del dirigente boliviano. Al igual que a la mayoría de los presidentes de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), el señor Chávez le debe mucho al presidente de la FIFA. Por eso, el anuncio de los representantes del fútbol sudamericano respecto a que no iban a votar por él fue simplemente una cortina de humo, para esquivar la indignación mundial por los hechos de corrupción en las mismas entrañas de la FIFA y particularmente de la Conmebol. Muchos entrevén, más allá de ese anuncio, que Sudamérica será castigada.

Una luz al final del túnel. En varios países, desafiando ese chantaje de la FIFA con el argumento de que el Estado no puede inmiscuirse en asuntos del fútbol, se anunciaron investigaciones gubernamentales contra todos los dirigentes involucrados en este escándalo mundial; Argentina y Colombia, por ejemplo. Por eso aplaudimos que el Gobierno boliviano siga por ese mismo sendero, solicitando información de los recursos que maneja la Federación de Fútbol de Bolivia (FBF). Mientras tanto, nosotros estaremos cantando la canción de Manu Chao: “Si yo fuera Maradona, saldría en mundovisión para gritarle a la FIFA que ellos son el gran ladrón”.

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