Columnistas

Boleros y sueños

La Razón / Fernando Mayorga

00:00 / 03 de junio de 2012

Un par de días antes de esa mala jugada del destino, Guido Riveros tecleó su celular para preguntarme si había logrado descargar ciertos libros de una página de internet, su último hallazgo para disfrutar del placer de la lectura. “Tienes que leer El imperio eres tú, de Javier Moro, hermanito, no es una obra erudita, pero cuenta de gran manera el nacimiento de la República en Brasil”, así le gustaba decir. Yo le pasé un par de títulos de novelas, Paul Auster y Andrea Camilleri en onda detectivesca.

Ese intercambio telefónico era la reiteración de la última conversación que sostuvimos en su oficina de la Fundación Boliviana para la Democracia Multipartidaria en los primeros días de mayo, antes de reunirnos con Jorge Dulón para trazar las actividades de este año, las tareas pendientes, los desafíos de siempre, la alianza entre el CESU y la FBDM. Esa mañana lo encontré resguardando una escultura   realizada por una joven artista a la que respaldaba con regocijo y convicción, no porque era su sobrina, sino porque su sensibilidad por el arte y por la juventud le permitía superar los prejuicios que nos atan a la cruda realidad y amarran al conservadurismo. También esa mañana María René, su compañera de la vida, iluminó los ambientes de la FBDM con su calidez de siempre, preguntándome por la Llajta y por las vicisitudes de mi equipo Aurora, una de sus maneras de demostrar cariño pletórico de solidaridad. Un sentimiento que estas letras quisieran remedar, pero que no encuentran la palabra precisa ni el tono exacto para manifestar apoyo, pena y nostalgia.

No recuerdo cuándo empezaron nuestras conversaciones sobre novelas y cuentos, mezclándose con nuestras discusiones acerca de la democracia, con los afanes para investigar el rol de las organizaciones políticas, con la necesidad de promover el diálogo pluralista. Porque antes y después de la literatura y  la política nos unía una común debilidad por el bolero, motivo de innumerables intercambios musicales. Tuve la suerte de darle un par de discos de Concha Buika, y la dicha de recibir sus regalos, como aquella antología de boleros de Anabella Desde el pie hasta el alma; porque se trataba de eso, de asombrar al amigo con un descubrimiento, una joyita, como le gustaba decir. Alguna vez puse cara de asombro cuando me hizo escuchar La cucaracha en voz de Lila Downs y a Diego el Cigala cantando tangos, entonces, subía el volumen y terminábamos haciendo coro. Y en el momento de la despedida, la Guti ya tenía la copia del folleto del disco grabado y la música se iba conmigo en el viaje de regreso, para quedarse para siempre.

Como esta noche que escucho a El Cigala en coro con Andrés Calamaro, cantando “Yo tengo tantos hermanos que no los puedo contar”. Y pienso que es imposible contar los hermanos que Guido ha dejado, pero, como también dice esa canción, él nos ha dejado “una novia muy hermosa que se llama libertad”. Esa libertad de pensamiento que le permitió esquivar la polarización ideológica que a tantos amigos empujó al facilismo de la oposición acrítica o del coro oficialista. Es por eso que todos reconocen (reconocemos) su lucha por el pluralismo democrático como una extensión de su libertad de pensamiento. Yo me quedo con la sensación de sorpresa que me deparó —en marzo— cuando le entrevisté en el canal Universitario en Cochabamba y delineó su propuesta para impulsar la reflexión política de la juventud que condujo a la convocatoria del proyecto “Agenda generacional Bolivia 2025”. Se las leí a mis alumnos de Sociología y todavía guardo ese pedazo de periódico, era martes 22 de mayo y nadie sospechaba lo que iba a suceder unos días después. Tal vez nuestro mejor homenaje a Guido será materializar ese sueño para que nos diga, qué bien, eso es lo que hay que hacer.  

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