Columnistas

Borges se escribe sin u

La ortografía es una muestra de la lectura, los estudios y el conocimiento de una persona

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Montaño Durán

00:51 / 13 de abril de 2016

Como muchas personas de mi generación, he sido renuente al uso de las redes sociales, pero al final, como la mayoría también, he caído en las redes de las redes, procurando ver en ellas más bondades que defectos. No obstante, todavía me es difícil abstraerme de uno de sus grandes problemas, como es la pésima ortografía de la mayoría de sus usuarios, la que he tratado de asimilar en nombre de la modernidad, pero que no deja de sorprenderme o de hacerme reír, según sea el caso.

Algunos líderes de opinión de las redes sociales tienen una cultura mediana, pero cuando mayor erudición quieren aparentar, es cuando más se les va una que otra “v” de vaca en vez de una “b” de burro. En esos casos, sus magníficas y bien tramadas opiniones y teorías caen por su propio peso y se convierten en migajas, porque, en mi modesta opinión, más importante que lo que se dice es quién lo dice. Y una ortografía elemental es siempre muestra de la lectura, los estudios y el conocimiento de una persona.

Esta reflexión viene a raíz de que en la novela del momento se publicaron impresiones de supuestas conversaciones por WhatsApp entre la principal implicada, Gabriela Zapata, y el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, en las que hay un deplorable error de ortografía en el que supuestamente el ministro, en una cita totalmente fuera de lugar al famoso escritor argentino, habría escrito “Borgues” en lugar de Borges.

Conocí al ahora ministro hace unos 16 años, cuando era catedrático de la materia de Sociología en la carrera de Historia de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de la cual yo era estudiante y en cuya cátedra mostró solvencia académica, cultura y cierta erudición; además de un uso del lenguaje más bien estricto, como pueden certificar decenas de compañeros de aquellos tiempos, la mayoría de los cuales, por cierto, perdimos contacto con él desde entonces.

De la capacidad intelectual de Quintana no solo podemos dar fe quienes fuimos sus alumnos, sino también quienes fueron sus colegas, y su vasto conocimiento sobre algunos temas se puede apreciar igualmente en sus artículos y libros publicados, por lo que de si de algo no se le puede acusar es de falta de capacidad intelectual.

Esta vez el error de ortografía en los mensajes que Zapata le atribuye al ministro, sumado a un estilo zalamero, completamente ajeno al lenguaje habitual de la autoridad, y a una cita absurda de Borges, han sido a mi modo de ver esclarecedores, porque resulta completamente improbable que su interlocutor hubiese sido Quintana.

Si bien ya eran sospechosas las contradicciones de la familia con los abogados sobre la existencia o no del hijo del presidente Morales con Zapata, a las que se sumó la mentira sobre su edad cuando habría quedado embarazada (que se comprobó era de 20 años); y el extraño lenguaje que usaría supuestamente el ministro en sus chats, el tremendo error ortográfico ha sido revelador.

Si alguna duda me quedaba sobre esta novela, ya no la tengo más: es una tramoya y una impostura cuyos alcances no me atrevo a imaginar, pero que me horroriza, por sus niveles de bajeza e infamia. No sé si les ha pasado a otros, pero para mí ha quedado claro que ese chat es tan trucho como el título de abogada de Zapata. Tan claro como que Borges se escribe sin u.

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