Columnistas

Borges también leía Playboy

Borges tal vez quiso ser un playboy, pero las circunstancias y María Kodama se lo negaron

La Razón / Homero Carvalho Oliva

01:05 / 23 de mayo de 2013

Cuando era adolescente, perdí la inocencia con una revista Playboy, recuerdo que un compañero de curso la trajo a clases y, en el recreo, todos quedamos literalmente excitados con las imágenes de las bellas mujeres desnudas que posaban entre sus páginas. A la impúdica exhibición de las rubias se sumaba la subversión de estar mirando algo prohibido en un colegio de curas salesianos, que si nos pillaban con las manos en el cuerpo del delito, nos podían enviar inmediatamente al confesionario o arrebatarnos la publicación para uso propio.

Años después, descubrí que Playboy no solamente traía mujeres desnudas, sino también entrevistas a políticos como Fidel Castro, Yasser Arafat y Malcon X;  a escritores como Kurt Vonnegut y Jean Paul Sartre; a artistas como Salvador Dalí y a boxeadores como Mohamed Ali, entre otros famosos personajes. En 1978, el primer número de la versión en español la trajo mi padre desde Madrid como regalo a mi hermano Bolívar. La última entrevista que le hicieron a Roberto Bolaño fue para la revista Playboy mexicana. Entre otras cosas, fue con Playboy que pasé de la edad del burro a la edad de la ilustración. En Bolivia, el vespertino Última Hora nos regalaba los viernes el suplemento Semana al que, en mi época universitaria, bautizamos como el Playboy de los pobres, porque con unos centavos se podía ver las fotografías de algunas de las bellezas de la revista norteamericana, aunque en blanco y negro, y leer buenos artículos de autores internacionales y nacionales.

Con estos antecedentes no fue para mí ninguna sorpresa enterarme, por la Web, que Jorge Luis Borges, uno de mis escritores preferidos, al que sus fanáticos consideran poco menos que un santo, haya leído Playboy. Me pareció que con este hecho el gran hacedor de ficciones se desquitaba de Sábato, cuando éste afirmó que la literatura de Borges era buena, pero que le faltaba cierto “quilombo”. Y quien afirma que Borges leía Playboy es nada menos que Emir Rodríguez Monegal, uno de sus más grandes biógrafos y estudiosos de su vida y de su obra. Monegal señala que, en 1978, Borges “ganó el segundo premio en un concurso de cuentos organizado por la revista Playboy, 500 dólares y el conejo”. Encontré esta cita en un ensayo de Edgardo Cozarinsky y luego la confirmé en otros links similares. Rodríguez Monegal, en su cronología, también da cuenta que ya Borges había participado en otros concursos literarios y que su cuento El jardín de los senderos que se bifurcan, un hermoso relato por cierto, fue descalificado por el jurado. 

Me tomo la libertad de hacer la siguiente conjetura: Borges, irónico como era, eligió el juego de mezclar la ficción con lo real, en el que era experto, y como en el cuento El jardín de los senderos que se bifurcan, donde el espía protagonista asesina a un hombre con un determinado nombre para que el mensaje llegué a sus jefes, puede ser que también nos haya legado un mensaje secreto, tal vez quiso ser un playboy, pero las circunstancias y María Kodama se lo negaron.

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