Columnistas

Borrachos al volante

Este accidente de tránsito revela una vez más las irresponsabilidades y deficiencias del sistema

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Ichaso Elcuaz

00:00 / 10 de abril de 2015

Valeria finalmente se fue el día de Pascua de Resurrección. Su maltrecho cuerpo no resistió las graves heridas del terrible impacto por el choque automovilístico que sufrió la noche del 1 de abril, en la principal avenida de acceso de Santa Cruz de la Sierra. El video registrado por el surtidor ubicado frente al lugar del hecho muestra el accidente. Por la vía sur-norte de la Av. Cristo Redentor (exavenida Banzer) un vehículo circula a una velocidad permitida, en la vía norte-sur una camioneta Tundra no espera en el giro y se introduce para doblar en la dirección norte, y justo en ese momento un vagoneta Mercedes Benz irrumpe a inusitada velocidad, embiste a la camioneta y en un vuelco de campana alcanza a golpear también al vehículo que transitaba más adelante; enseguida se ve pasar otro motorizado también a alta velocidad que aparentemente deja de acelerar recién al darse cuenta del choque.

Las declaraciones de los fiscales indican que el conductor de la vagoneta, donde iba Valeria y sus amigas (que de igual manera se encuentran malheridas, una incluso con múltiples fracturas y las extremidades inferiores seriamente comprometidas) sería un varón menor de edad que al momento del accidente tenía 1,5 grados de alcohol en la sangre, cuando el máximo permitido es de 0,5.

Las pericias del accidente deben ser realizadas por las autoridades competentes; sin embargo, una vez más las irresponsabilidades y los cuestionamientos al sistema se repiten.

1) Respecto al Gobierno Municipal: control de venta, expendio y consumo de bebidas alcohólicas y prohibición de las mismas para menores de edad. Las normas existen y se incumplen.

2)  En cuanto al Gobierno nacional: el Segip expide permisos de conducir a menores de edad, temporales y con autorización escrita de los padres donde se comprometen a asumir cualquier daño contra terceros. La Policía está ausente del control de actividades prohibidas por las leyes en toda la ciudad. Su ausencia en calles y espacios públicos es notoria, al punto de que basta salir esporádicamente a la calle para notar esta realidad.

3)  Ambos: el control de tránsito pasó, constitucionalmente, a ser competencia de los gobiernos municipales. Sin embargo, la Policía  Boliviana no cede estas competencias exclusivas del nivel local, y las autoridades locales tampoco asumen el traspaso inmediato de las mismas a su jurisdicción. En suma, la Policía no cumple ni deja cumplir. Las carreras de automóviles en vías urbanas se realizan a altas horas de la noche en cualquier sitio propicio, donde el silencio y la falta de control abundan.

4)  Padres de familia: la permisividad para el uso de vehículos a menores de edad es un tema cotidiano. La invocatoria social de que todo el mundo lo hace no exime de la responsabilidad personal, con la ley y con la comunidad.

5) Distribuidoras de alcohol: difunden publicidad en horarios y espacios sin respetar el reglamento del Código de la Niñez y Adolescencia. Auspician cualquier evento dirigido a jóvenes. Distribuyen sus productos en cualquier sitio, legal o ilegalmente, en los lugares más visibles, desde las góndolas de los supermercados hasta las esquinas copadas por licorerías y cualquier pulpería de barrio. Pasa con los “hijitos de papá”, con los profesionales y los sin estudios, con los choferes de buses. Pasa en Santa Cruz, en Oruro, en La Paz, en Sucre, en Cochabamba. Pasa en Bolivia. Ante tanto descontrol, el control más cercano y posible seguimos siendo los padres. 

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