Columnistas

Breve historia de lo ‘ñojo’

Buscar la belleza en la naturaleza o creada por los humanos es el acto que nos separa de los animales.

La Razón (Edición impresa) / Édgar Arandia

00:32 / 08 de septiembre de 2013

Las categorías de la belleza tienen varias acepciones y son el principal sustento de la estética;  pero en la vida rutinaria, cuando queremos expresar las sensaciones que nos produce, usamos adjetivos como bonito, maravilloso, sublime, súper, bacán y otros más cercanos al coba. Históricamente, lo bueno y lo bello siempre estuvieron vinculados, y no sabemos exactamente el porqué nos invade un deseo de poseer ese algo bello y bueno, y sospechamos que nos hará felices, siquiera unos momentos; inclusive si no los tenemos, su condición de belleza permanecerá, hará gozar a muchas personas.

Alguna vez me perdí en una ciudad europea siguiendo a una mujer bella, sólo quería contemplarla. Su cabello de un negro profundo y sus facciones me parecían extraterrestres. Me introduje en el metro para seguir contemplándola hasta que percibió que la estaba mirando y… me sonrío. Cuando intente regresar, me di cuenta que estaba perdido, así es que tuve que descifrar las rutas del metro, y después de varias horas llegué a mi destino, con un halo de felicidad. ¿Qué era lo que me había pasado? En la mañana había visto en el museo de Múnich La Anunciación, pintada por Boticelli y quedé arrobado viendo el rostro dulcísimo de la Virgen María. Esa revelación de lo bello se había quedado en mi cuerpo. Entonces creí ver a la encarnación de la obra en el metro y la seguí. Buscar la belleza en la naturaleza o creada por los humanos es el acto que nos separa de los animales.

También hablamos de acciones bellas cuando reconocemos actos virtuosos y forman parte de nuestras primeras valoraciones éticas. Por eso estética y ética van juntas. Sin embargo, está el otro lado, que evitamos y huimos, si podemos. Los filósofos no se encargaron de lo feo, sólo hicieron comentarios marginales. Lo feo como lo bello son valores que pueden cambiar de lugar según las culturas, son conceptos que están en directa relación con los períodos históricos y uno de los pocos tratados sobre el tema lo escribió Karl Rosenkranz, en 1853 y lo tituló Estética de lo feo. En él establece una analogía entre lo feo y el mal moral. Del mismo modo que el mal y el pecado se oponen al bien, lo feo vendría a ser el “infierno de lo bello”. Estas digresiones no le gustan a mi compadre Teo, que no tiene ninguna duda para definir como ñojo al retrato que le regalaron al presidente Morales en un acto, y que más bien, con su habitual humor, usando la jerga de albañilería salió del momento, diciendo que se consideraba todavía obra gruesa y que le faltaba trabajo para ser obra fina.

El adjetivo ñojo designa lo feo en aymara y no figura en el diccionario de Bertonio ni en los actuales. En cambio, sí existen acepciones que ya no se usan, como hakhomalla, que según el aymarólogo Vitaliano Huanca significaba maldecido; o pultutu, con la cara muy ancha. Phiru, jaxumalla, kaukiñaya son otras acepciones que aparecen en los últimos diccionarios, pero la entonación, popularidad urbana y la grafía de ñojo les gana a todas.

Hace un año, en Borja, noreste de España, una anciana de 82 años se encomendó a sí misma la tarea de “restaurar” una obra sobre Cristo que sufría pérdida de pigmento en varias partes. Esta obra de Elías García, elaborada en 1910, fue cubierta por una intervención feroz por parte de doña Cecilia Giménez, que pasó a la historia del arte convirtiendo al Cristo de Borja en la representación más extravagante y terrible de la iconografía católica. Su difusión mundial ahora le brinda beneficios para obras caritativas. Sin embargo, ha generado polémica, porque un grupo exige que se recupere la imagen original, que (según los expertos) ya es imposible, y otros piden que se retire la imagen del lugar. En tanto, ¡cuándo no!, un boliviano anuncia en internet que el singular Cristo ñojo ya le hizo un milagro.

Todo esto viene a cuento porque el Museo Nacional de Arte está preparando una muestra sobre la importancia del rescate de obras patrimoniales y el laborioso proceso técnico que conlleva este trabajo especializado.

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