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Burocracia, inclusión y después

Ese libro no evalúa el funcionamiento de la burocracia ni la calidad de su desempeño y sus efectos en la gestión pública, sino que se enfoca en el perfil de los funcionarios públicos, revelando una serie de hallazgos sugerentes.

La Razón (Edición Impresa) / Fernando Mayorga

00:00 / 14 de septiembre de 2014

Cuando pensamos en el Estado, los mortales evocamos a Kafka y los sociólogos, a Weber, si es que el asunto tiene que ver con la burocracia; porque si el motivo de seducción intelectual es el poder, para eso están los libros de Hobbes y Maquiavelo. Este prefacio es solo una excusa para preguntar ¿por qué es importante estudiar el Estado? Y, sobre todo, ¿qué aspectos interesa investigar y cuál es su utilidad?

Vale la pena destacar que vivimos un nuevo ciclo estatal en la región latinoamericana que se expresa en el “retorno” del Estado. En nuestro país las cosas son más nítidas, porque estamos en proceso de construcción institucional del Estado Plurinacional. Por este motivo es preciso recordar algunos aportes teóricos y se me vienen a la mente las cuatro dimensiones que Guillermo O’Donnell, talentoso politólogo, destacó alguna vez como componentes del Estado: un sistema legal, un foco de identidad colectiva, un filtro para la inserción en el mundo y un conjunto de burocracias, que son organizaciones complejas y jerárquicas que tienen responsabilidades (legalmente asignadas) para alcanzar o proteger el bien común o el interés general. Tuve oportunidad de escuchar a O’ Donnell argumentando estos planteamientos bajo el mágico cielo de Bariloche y no pude aguantarme la pregunta acerca de cuál de esas dimensiones consideraba él que era la más importante. Su respuesta fue inequívoca: la burocracia. Tal vez porque su idea de Estado eficiente y representativo del bien común estaba vinculada a la noción weberiana de modernidad; aquella que supone que las pautas racionales-legales guían (o deberían guiar) el papel de la burocracia.

Me quedé intrigado por esa aclaración y la recordé vivamente cuando me enfrasqué en la lectura de un interesante libro, titulado Composición social del Estado Plurinacional. Hacia la descolonización de la burocracia, escrito por Ximena Soruco, Daniela Franco y Mariela Durán, y publicado hace pocos días por el Centro de Investigaciones de la Vicepresidencia, con auspicio del PNUD. Este texto es un importante paso (por pionero y por su calidad, aunque se circunscribe a tres casos: un ministerio, una gobernación y una alcaldía) para aproximarnos al conocimiento de la burocracia que, como vimos, es una dimensión fundamental del Estado.

Ese libro no evalúa el funcionamiento de la burocracia ni la calidad de su desempeño y sus efectos en la gestión pública, sino que se enfoca en el perfil de los funcionarios públicos, revelando una serie de hallazgos sugerentes. ¿Cuánto ha cambiado la composición social del Estado en los últimos años? Los resultados son contundentes: los servidores públicos son principalmente jóvenes, existe una mayor presencia de indígenas y mujeres, tienen mejores niveles de formación educativa y mayores ingresos que sus padres. En otras palabras, en los últimos años se ha democratizado el acceso al empleo público, porque ya no se restringe a los municipios rurales (un fenómeno impulsado por la Ley de Participación Popular), sino que se ha expandido a las capitales departamentales. Se trata de otra faceta de movilidad social ascendente que va de la mano de la inclusión política, porque estos funcionarios también se caracterizan por su pertenencia a redes sindicales o comunitarias que sirven de puente para su acceso a espacios gubernamentales. Y también se enlaza con procesos de identificación cultural puesto que, a diferencia del pasado, no se niega la identidad indígena para ocupar un cargo público; al contrario, la afirmación de esa pertenencia identitaria encamina los procesos individuales de ascenso social. Y este, dicen las autoras, es uno de los elementos que dan cuenta del carácter plurinacional del Estado boliviano.

Éste es un hallazgo crucial que muestra que se ha superado relativamente la exclusión social en las instancias estatales (aunque la inequidad de género tiene otras manifestaciones de persistencia), no obstante está pendiente la evaluación del desempeño de esta nueva capa burocrática para orientar las labores del Estado conforme a su (supuesto) carácter representativo del interés común para transitar de la inclusión a la cohesión social.

Es sociólogo.

Blog: pioresnada.wordpress. com; Twitter: ferXmayorga.

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