Columnistas

Buscando lluvia para el Chaco

Hasta hace poco en las escuelas rurales se dio una suerte de castración de los conocimientos andinos

La Razón / Félix Layme Pairumani

00:41 / 21 de mayo de 2013

Tiempo atrás escribí una columna titulada El sueño de hacer llover. Algunos lectores se burlaron, otros creyeron y no faltaron los que, con sarcasmo, trataron de apostar. Unos quisieron convencerme sobre la incertidumbre absoluta de esta época. Hay académicos que en vez de lanzar el grito al cielo antes meditan seriamente. Otros, los más, no entienden la ecuación de Erwin Schrödinger, menos creen a su gato, peor aún no trascienden más allá de su ciencia y menos aceptan una realidad distinta. Además, con malicia me piden imposibles como hacer llover en el desierto. Yo no hago llover, los yatiris lo hacen. Sólo sé cómo hacer granizar, y eso ya es parte de la evidencia de hacer llover. No lo demostraría sólo para que se saquen el sombrero. Hoy la experiencia se asume.

La tecnología andina estaba diseñada  para tierras donde llovía, pero ahora, por alguna razón, ya no llueve con la misma frecuencia. Hay que reconocer que los mecanismos fueron destruidos con el colonialismo. Hubo una extirpación sistemática de idolatrías (P. J. de Arriaga). Asimismo, hubo una persecución de los yatiris y fue prohibido el uso y la lectura de la hoja de coca (B. Lewin). En fin, hoy mismo se sataniza las inferencias por la coca. Hasta hace poco, las escuelas rurales fueron una especie de castración de conocimientos tecnológicos andinos, peor aun, éstos fueron considerados supersticiones. Pese a esta política, algunos yatiris todavía subsisten y aún aplican sus conocimientos ancestrales.

Los pueblos aymara y quechua han sufrido tratos infrahumanos, toda clase de discriminaciones y no tenían registros oficiales sino a partir de 1945. Les estaba prohibida la lectura y la escritura, y los que se atrevieron a aprender fueron perseguidos. Las lenguas y las tecnologías andinas nunca fueron tomadas en cuenta para el currículum escolar.

Al contrario, fueron consideradas como supercherías. Aún hoy muchos profesores se niegan a aplicar la interculturalidad. En estas condiciones, no es justo pedir lluvia a los aymaras para el Chaco. Pero se puede hacer algún diagnóstico si tienen wak’as por allá, ¿o no?, si tienen yatiris o chamanis, ¿o no? Es alta tecnología. No es cuestión de ir y hacer llover con una varita mágica. Y si no llueve, habría que acudir a los paternalistas para que con sus aviones y máquinas, hagan llover en el Chaco, ¿o no podrán?

Donde jamás llueve, quizás se pueda, hay que investigar. Pero los que financian cosas irrelevantes no apoyarían económicamente este tipo de joint venture, pero quieren lluvia. Llevar agua con fuerza de precipitación fluvial desde el altiplano es descabellado, no se lograría. Son microrregiones con sus propios poderes y energías pluviales. Hay que buscar las fuentes de lluvia en lugares más cercanos en la región con el concurso de los yatiris.

Hipotéticamente hay dos posibilidades de llevar agua: una sería de Santa Cruz; la otra, recoger agua de lluvia de Humahuaca (Uma Wak’a) del norte de Argentina. Según se sabe, la de Santa Cruz —refiere Isabel A. Vega Mareño— entra por el municipio de Turno al parque nacional Amboró. El agua del Jardín de las Delicias dice que hace llover por tres días. Asimismo, existe agua de lluvia en Humahuaca. Raúl Sajama, líder indígena natural de Jujuy, relata que los españoles por superstición habrían tapado un manantial, de donde los indios llevaban agua para hacer llover. Hoy todavía es notable el verdor en un lugar desértico de la región. Pero hacen falta recursos para el diagnóstico, investigación y experimentación de estas metodologías.

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