Columnistas

Riesgos y potencialidades en campaña electoral digital

Este año le toca a Bolivia no solo hablar de campañas en redes sociodigitales.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Rocha Fuentes

22:52 / 28 de febrero de 2019

La hipótesis de que estamos a puertas de una primera campaña electoral digital en nuestra historia democrática recorre los meses previos al inicio formal de las elecciones. Si bien un estudio publicado en el libro Comicios Mediáticos pudo comprobar que la inserción de las redes sociodigitales en la campaña electoral 2014 fue una realidad y, luego, otro estudio realizado en el periodo de campaña del Referendo Constitucional 2016 ratificó que esta tendencia fue consolidándose con el tiempo; hasta entonces, las campañas habían encontrado en el espacio digital solo un canal más para expandir mensajes. La naturaleza de este espacio permitió que las comunidades digitales transformaran a su lenguaje lúdico los contenidos políticos y, en el mejor de los casos, para los partidos, sus militantes apropiaron y viralizaron algunos mensajes de propaganda. Hasta ahí algunos de los resultados de lo que fue el encuentro de las campañas y el espacio digital en pasados procesos electorales.

Pero lo descrito no contemplaba de ninguna manera que entre los años 2016 y 2018 Trump ganaría las elecciones de EEUU, se rechazaría el acuerdo de brexit, Macri y Bolsonaro ganarían las presidencias de Argentina y Brasil, respectivamente; se destaparía el escándalo de Facebook con la consultora Cambridge Analytica, etc. Todo esto mientras importantes diccionarios de Europa coronaban como palabras anuales a “posverdad” y “falsas noticias”. Y es ahí donde cobra fuerza la hipótesis de que este año le toca a Bolivia no solo hablar de campañas en redes sociodigitales, sino de campañas electorales digitales. La diferencia radica en que esta última puede llegar a transformar no solo resultados, sino a la democracia misma. En la búsqueda de esbozar mejor esta idea, propongo tres potencialidades y riesgos en este tipo de campañas.

Una primera potencialidad es un acceso a mayor difusión. El bajo costo de uso de las redes sociodigitales, sumado al monto de fortalecimiento asignado en la LOP, puede significar una oportunidad de acceso a la propaganda para organizaciones pequeñas.

La segunda tiene que ver con el mejor aprovechamiento de herramientas digitales. La curva de aprendizaje de políticos/as sobre la importancia de la tecnología ha ido en crecimiento y ya hay algunas buenas prácticas, una de ellas podría ser la innovación.

La tercera es la posibilidad de mayor participación ciudadana. La población siempre ha sido relegada en el desarrollo de campañas y ahora, con voz activa en redes sociodigitales, puede constituirse en guía de retroalimentación.

Luego, un primer escenario de riesgo está asociado al nivel de polarización política que vivimos y es detonador propicio para las “campañas negras” o “guerra sucia”. Varias de las características de los espacios digitales hacen que este tipo de mecanismos encuentren palestra en ellos.

El segundo tiene que ver con el uso de la desinformación como insumo de campaña. Ha pasado en varios países, ya que los procesos de desinformación se han vuelto el centro de varias campañas, modificando decisivamente resultados electorales.

En el tercer escenario están los fenómenos de distorsión de la opinión. Si bien las encuestas siempre han estado al medio de la tormenta durante las campañas, ahora lo estarán más aún, toda vez que estos fenómenos (burbujas informativas, cámaras de eco) pueden alterar las percepciones, afectar la credibilidad e incluso los resultados.

* Comunicadora. Twitter: @verokamchatka

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