Columnistas

La COB (de nuevo, otra vez)

Una demostración de fuerza podría recordar a Evo que no puede prescindir de los asalariados

La Razón / Pablo Rossell

02:53 / 12 de mayo de 2013

La COB fue noticia de portada nuevamente en la semana que acaba. Bien por ellos. Desde hace varios años que no lograban incomodar tanto al gobierno de Evo Morales. La escalada de protesta (dicen) busca lograr las diez demandas del pliego petitorio presentado en febrero, pero se concentra en el incremento de las pensiones de jubilación y un incremento salarial del 15%, basado en una canasta de Bs. 8.300. ¿Eso es todo? Veamos.

Por supuesto, un aumento salarial del 15% haría saltar de felicidad a cualquier asalariado de este país. Sin embargo, si todos saltaran al unísono, no podrían ocasionar ni un pequeño temblor, puesto que estamos hablando de aproximadamente un cuarto de la población trabajadora de Bolivia: en fin, una minoría (con pretensiones de iluminación pseudotroskista y de vanguardia de la clase trabajadora, pero minoría al fin). Por otro lado, creo que el fragmento asalariado de la clase trabajadora merece una buena explicación para comprender cómo es posible que algunos sectores se jubilen con el 100% de lo ganado y otros no. Ciertamente, esta disparidad no es un problema para la mayoría de la clase trabajadora, pero alguna explicación habrá que dar.

Cuando salió a la luz la actual Ley de Pensiones, recuerdo aquella imagen de la dirigencia de la COB acompañando orgullosamente al Ministro de Economía  y aplaudiendo la promulgación de la norma como quien aplaude un gol de media cancha. Ahora resulta que el gol no fue tal. Y la esclarecida vanguardia de la clase trabajadora viene a darse cuenta recién en este momento. Se me ocurre que puede haber un elemento emocional en este conflicto, hubo una metida de pata y hay que remediarla.

Más allá de los temas salariales y de jubilación (que no son moco de pavo), ¿qué tiene la COB que ganar con este conflicto? Bastante: ya estamos en año preelectoral; y una demostración de fuerza podría recordar a Evo que no puede prescindir de los trabajadores organizados. Además de la señal de fuerza, la dirigencia de los trabajadores envía una señal inequívocamente electoral, al plantear la creación de un partido de los trabajadores, con la intención de convertirse en una corriente política con voz propia.

Dicho esto, veo dos opciones en la cabeza de los estrategas de la COB: la primera, intentar lograr un caudal electoral suficiente como para contar con una bancada parlamentaria a la que haya que tomar en cuenta. La segunda, menos probable pero verificable en la historia corta, es que los compañeros trabajadores (no hablo de las compañeras, pues para la dirigencia sindical ellas prácticamente no existen) intenten remendar (nuevamente) su desgastada alianza con el evismo, pero esta vez con una mejor posición negociadora. Estos son algunos de los caminos que podría transitar la COB en el marco de una estrategia medianamente meditada de relacionamiento político con el evismo, en tanto fuerza política que a gatas representa al 25% de los trabajadores y cuya “visión de país” se limita gestionar a un patrón de consumo más alto para los asalariados.

Me parece importante llamar la atención sobre dos detalles que pueden llevar a confusiones si de liderazgo moral se trata. El primero es la voladura del puente de Caihuasi. ¿Realmente es posible lograr una reivindicación política destrozando un puente que sirve a una población harto más numerosa que los pocos y privilegiados asalariados mineros? Parece más bien un acto pobremente pensado de demostración de fuerza. El segundo detalle es el de la ambulancia llena de dinamita. Que yo recuerde, fue García Meza el que empezó a usar las ambulancias con fines de combate, en el golpe de 1980.

Es economista.

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