Columnistas

Caja de Pandora

Se ha descubierto que el aluminio es francamente peligroso para casi todos nosotros

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Zapp

02:48 / 09 de agosto de 2014

El aluminio (Al) es el metal más abundante sobre la superficie terrestre, con el oxígeno y el silicio representan todo lo que vemos en campos y montañas. El hierro es solo el tinte naranja y los yacimientos de otros minerales son apenas pequeños afloramientos excepcionales en lugares milagrosos como Bolivia. El zar de Rusia se vanagloriaba de sus preciosos cubiertos de campaña, los más livianos y brillantes del mundo hace apenas 120 años. Hoy vivimos en un mundo “aluminizado”. De los aviones de la Primera Guerra Mundial pasamos a las ollas, el papel incombustible, las latas de refresco, el tratamiento de agua y hasta las lociones antisolares. Vivimos en el mundo del aluminio, un metal tres veces más liviano que el hierro, aparentemente inoxidable de bello color brillante o mate.

A pesar del cabildeo de los imperios, que demuestran “su inocuidad”, se ha venido descubriendo, sin embargo, que el aluminio es francamente peligroso para casi todos nosotros. Desde hace 30 años eliminé las ollas de aluminio de mi casa, con excepción de la de presión, recubierta en su interior con una capa de grasa dorada en caliente.

Algunas personas encapsulan el aluminio en un “Caballo de Troya” molecular, y al penetrar su barrera cerebral desarrollan demencia que se confunde con el Alzheimer. En los cánceres de mama cercanos a la axila se ha encontrado concentración de aluminio tres a cinco veces mayores que lo común (uno a 3 ppm, ya que lo normal debería ser ¡nada!);  quien ya tiene esas altas concentraciones tiene mucho más probabilidad de contraerlo. Más aún, el aluminio dispara el potencial de metástasis de esas células cancerosas. Los antiácidos a base de hidróxido de aluminio, que son los más económicos y la mayor parte de los dentífricos, ponen directamente ese metal en nuestro cuerpo. Para colmo, hoy se agrega aluminio a las vacunas para mejorar su eficacia.

En estos campos, la Universidad de Reading se ha convertido en el punto focal de la investigación. En el río Pará, donde Brasil tiene la mayor planta de Al del mundo (como de costumbre), la pesca ha casi desaparecido, y en un accidente ocurrido en el acueducto de Camford (UK), en el que hubo una mortandad total de peces por causa de un error de un operador, se encontraron cantidades desmesuradas de Al en el organismo de quienes la probaron con garantía de potabilidad; esa gente presenta ahora toda clase de enfermedades intratables.

En 2012 se destapó la Caja de Pandora del aluminio en un congreso mundial de enfermedades autoinmunes en la ciudad de Granada, en el que se presentaron millares de evidencias científicas de su toxicidad. Ya es hora de que nuestros gobiernos comiencen a preocuparse por un factor importante, y hasta ahora bien escondido de nuestra salud. Recomiendo un documental sobre el tema en la Deutche Welle. 

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