Columnistas

Calles peatonales

La calle peatonal reaparece como contraparte de la ciudad caótica actual y de sonidos estridentes

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

02:11 / 28 de mayo de 2015

La ausencia de atención del pasado y la poca comprensión de lo actual niegan el aprendizaje de experiencias construidas en el ayer que siguen siendo parte del presente y quizá del futuro. Esto porque si bien las ciudades crecen conjuntamente con sus problemas, parecen tener necesidades similares en los distintos tiempos.

En ese camino, no es difícil apreciar que ciertas urbes supieron aprovechar los problemas de la sociedad para proyectar e implementar nuevas propuestas espaciales. Es el caso de las calles angostas o espacios residuales que fueron convertidos en “paraísos del peatón”, una denominación que recibieron las calles peatonales en los años 70 en ciertos países desarrollados. A pesar de ello, esta concepción no fue extraída de realidades loables, todo lo contrario, salió de conflictos enraizados en problemas de pandillas que transformaron esas arterias en lugares de “terror”. Empero, ese fue un motivo suficiente para ser seleccionadas y dotadas de valores y cambios que llevaron a las edificaciones circundantes a reencaminar sus funciones.

La calle peatonal reaparece como contraparte de la ciudad caótica actual y de sonidos estridentes, la cual está adaptada esencialmente al automóvil y tiene como exigencia mayor la construcción o ampliación de sus vías. Todo con el afán de optimizar el tráfico vehicular. Es por ello que la ciudad necesita ser percibida desde otra dimensión, acorde a las necesidades de los peatones que circulan, por ejemplo, por sus centros históricos. Hacen falta puntos urbanos de atracción de enormes corrientes de caminantes que exigen la atención de los planificadores, quienes parecerían haber olvidado que el peatón sigue siendo el personaje de la ciudad. 

Sin embargo, las callejuelas comerciales y de actividades de esparcimiento hoy son introducidas como parte de algunos centros comerciales con recorridos similares. Aun así, es más que evidente que no podrán sustituir el carácter de las calles peatonales y esencialmente la vida que producen en una ciudad. Esto porque todo el entorno urbano las convierte en sectores singulares y en lugares amables para los transeúntes y su encuentro con el descanso de los ruidos azarosos de la ciudad. Sobra decir que esos lugares son apreciados por el turismo, y por tanto son de gran beneficio para toda urbe.

Lo preocupante de la ciudad de La Paz es pensar cómo ciertas calles han tenido la mejor intención de ser transformadas en peatonales, pero al final se ha confundido su verdadero sentido. Tampoco hemos hecho un gran esfuerzo para evitar que sean avasalladas y convertidas en mercados callejeros. Es el caso de la calle Comercio o el pasaje Núñez del Prado, que hoy no son ejemplos de esos hermosos vacíos urbanos que fueron denominados por sus creadores como “paraísos del peatón”.

La Paz necesita recuperar y cambiar esos dos ejemplos mencionados, especialmente la calle Comercio, que se ha convertido en un lugar de peligro y de robos, por lo que la población reclama su clausura con rejas por las noches. Una realidad que invita a implementar transformaciones que colaboren a convertir este espacio en una verdadera y atractiva calle peatonal paceña, y así enaltecer nuevamente su valor histórico. Cabe recordar que la ciudad solo tendrá sentido en la medida en que los sueños se den cita en sus distintos escenarios para nutrirla.

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