Columnistas

Cambiar todo para que nada cambie

Quizás las elecciones más sintomáticas de la región hayan sido  las de Argentina

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

00:18 / 31 de octubre de 2015

Hay dos principios que rigen al cosmos que la opinión pública, impaciente, suele olvidar. El primero, que nada en la naturaleza —ni la sociedad humana— se desarrolla por revolución sino por evolución, como las plantas que crecen lentamente y los niños que tardan años en llegar a adultos. Por esto el cambio radical produce miedo y las personas suelen ser conservadoras, más allá del discurso “revolucionario” que suele ser puro gatopardismo.

El segundo principio es que todos, en alguna medida y de alguna manera, somos responsables de lo que ocurre —es la “comunión de los santos”, diría la teología católica— incluso aquellos que teóricamente ven los problemas con cierta claridad, al actuar suelen cometer o inducir los mismos errores y así se produce la continuidad. Por otro lado, es inevitable que los políticos terminen hastiando porque basan su “gobierno” en el monopolio de la violencia que se arroga el Estado —poder policial y militar— con el que imponen leyes que solo llevan a la destrucción, como toda violencia.

Así, el mundo parece moverse como un péndulo según van hastiando los gobernantes: se eligen izquierdistas, luego de derecha y, más tarde otra vez de izquierda, pero sin que en el fondo ocurran grandes cambios. La buena noticia es que, en estos vaivenes del péndulo, sus extremos se acortan: la izquierda de hoy es mucho más moderada de lo que solía ser y lo mismo la derecha. Hoy, pareciera que el péndulo se inclina hacia la derecha. 

Mientras el deshielo entre Cuba y EEUU deja sin argumentos al marxismo más recalcitrante, Brasil tiene una presidenta que fue guerrillera, que se ha moderado mucho, y que es acosada por la centroderecha que se perfila para el próximo gobierno, en tanto que la socialista Michelle Bachelet está provocando en Chile —el país más promercado del continente— gran desilusión. En Perú, la líder derechista Keiko Fujimori, con 33% ocupa el primer lugar de las preferencias para las elecciones presidenciales del próximo año, mientras el presidente Humala —examigo de Chávez aunque finalmente mantuvo las políticas de centro derecha de su antecesor— tiene una desaprobación que llega al 85%.

En las recientes elecciones para alcaldes y gobernadores en Colombia, la izquierda fue la gran derrotada que, entre otras cosas, perdió Bogotá tras 12 años de gobierno, destacándose la elección de independientes mostrando el hartazgo que la gente tiene —de los políticos— en todo el mundo. El colmo fue Jimmy Morales, independiente, que será presidente de Guatemala, luego de superar ampliamente a su rival en la segunda vuelta electoral. Morales ha logrado ganar, irónicamente, basándose en su inexperiencia política, es decir que le bastó con sonreír para resultar el más creíble de todos los candidatos políticos: ni corrupto ni ladrón… hasta ahora… luego será político.

En fin, quizás las elecciones más sintomáticas hayan sido las de Argentina. El cuasi empate entre el oficialista Daniel Scioli y Mauricio Macri obliga a dirimir la presidencia en una segunda vuelta, el 22 de noviembre, en la que ganaría el opositor que se presenta como de centro derecha “promercado” pero que, en la práctica, ha aumentado impuestos, gasto y empleados públicos ayudando al crecimiento del estatismo y a la falta de libertad, según la ley de que de algún modo todos somos culpables —y no solo el oficialismo— de la fuerte decadencia argentina.

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