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Cambio

Para cuando mi hija tenga mi edad, casi todos los picos de la cordillera andina se habrán derretido.

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:00 / 28 de septiembre de 2014

Una amiga me dijo una vez que era irresponsable tener hijos hoy en día, porque esos niños tendrán que vivir en un mundo sin agua. Su hijo es unos meses menor que la mía.

De niña fui una sola vez a Chacaltaya, jugué en la nieve y vi a los turistas esquiando en la pista más alta del mundo. Hoy llevo a mi hija al lago Titicaca, para que juegue en el agua y vea a los turistas pasear en káyaks sobre el lago navegable más alto del mundo, porque el glaciar de Chacaltaya ya no existe.

Los expertos del cambio climático nos dicen que para cuando mi hija tenga mi edad, casi todos los picos de la cordillera andina se habrán derretido, y el Titicaca habrá bajado su nivel al punto de dividirse en tres pequeñas lagunas. La Paz estará enfrentando una aguda crisis por falta de agua potable, mientras que en el norte y el este del país el cambio en los patrones de lluvia generará sequía en el invierno e inundaciones en verano. Ya los ríos amazónicos se desbordan cada año, ya muchas zonas fértiles se están desertificando, ya la migración ha generado pueblos rurales fantasmas y ciudades sobrepobladas.

Lo que más preocupa, sin embargo, no son las consecuencias meramente físicas de un cambio que ya es irreversible. Son las consecuencias sociales, en una sociedad que se ha acostumbrado a resolver sus disputas a través de la violencia; en un entorno en el que la gente se agarra a palos para defender sus fuentes de ingresos, sus privilegios adquiridos, su precaria seguridad construida a punta de movilizaciones, avasallamientos o herencias. Si ya hoy nos lanzamos dinamitas unos a otros, nos bloqueamos, nos golpeamos, nos expulsamos, nos amenazamos y nos empeñamos en defender solamente nuestros intereses, ciegos a las necesidades o intereses de otros... ¿cómo reaccionaremos en un contexto de escasez de agua, vivienda y alimentos provocado por el cambio climático?

Nuestro país, como casi todos los del llamado tercer mundo, va a sufrir el ch'aki de una fiesta a la que no nos invitaron. Nosotros, que aportamos con menos del 1% a las  emisiones de dióxido de carbono que cambian el clima, sufriremos los desastres climáticos con menos preparación y menos recursos para enfrentar sus consecuencias que aquellos que se beneficiaron de la revolución industrial y tienen la más profunda huella ecológica. Esos son hechos incontestables, y no podemos hacer nada para cambiarlos.

Lo que sí podemos hacer es prepararnos para el vendaval, no solo con acciones preventivas institucionales y estructurales, sino sobre todo cambiando nuestra forma de resolver nuestros problemas y diferencias. De otro modo, el mundo que les espera a nuestros hijos será una pesadilla.

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