Columnistas

Camino recorrido juntos

‘La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio’ (Marco Tulio Cicerón)

La Razón (Edición Impresa) / José Rafael Vilar

03:41 / 09 de junio de 2015

Creí, por tanto hablé” (2 Corintios 4:13). Hace seis años, mis amigos Juan Carlos Rocha, primero, y Grover Yapura, después, directores de La Razón en periodos consecutivos, me invitaron para comentar las encuestas electorales que se iban a publicar para el periodo electoral de ese año, y así empecé un largo y fructífero vínculo de columnista habitual con el periódico, relación que en amistad había surgido desde 1991 con Jorge Canelas Sáenz, continuó con Juan Cristóbal Soruco Quiroga y siguió con Rocha Chavarría, Yapura Aruquipa y Edwin Herrera Salinas hasta hoy, cuando Claudia Benavente Parada lo dirige.

Años de escribir lo que pienso (como también llamé a mi blog), siempre he tratado de opinar sin prejuicios y basándome en cifras y evidencias incuestionables; lo cual no quiere decir desprovisto de posiciones, porque nunca he compartido la idea de Michel Eyquem de Montaigne respecto a poder elaborar un análisis “aséptico”. Pensamiento que es mi verdad, siempre compartida (coincido con Marco Tulio Cicerón, quien dice: “La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”), expresada sin ofender y aceptando la opinión de los demás, esperando además que ellos acepten la mía en pluralismo y democrática orientación (como me sucede con el periódico, con cuya posición editorial no siempre concordamos, pero que aceptamos y respetamos mutuamente).

He sido inclaudicable opositor de los extremismos, los dogmatismos y la falta de transparencia, no importa de qué orientación vengan; pero mucho más de las mentiras, las desnudas y las encubiertas, porque siempre hacen mucho daño antes de que se descubran (“La verdad padece, pero no perece”, bien dijo Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia). He criticado sin misericordia los populismos y la corrupción como fuente de pobreza. Y he combatido los falsos discursos chauvinistas donde los hubiera, meras consignas de las debilidades; a la vez que he apoyado las causas justas. Tampoco he aceptado la violencia, sea social, de género, religiosa o por orientación sexual.

He tenido muchos amigos entre los colegas en estas páginas de opinión de los que me honro, pero me gustaría mencionar dos que ya no comparten acá su pensamiento y de los que siempre he respetado su calidad intelectual y ética: José Gramunt de Moragas y Gary Antonio Rodríguez Álvarez, hombres de fe y de ética que han llegado a ello por distintos caminos, pero con el mismo objetivo y fin: Dios y la verdad. Del padre Pepe he admirado su honesta valentía y locuacidad; de Gary Antonio, su sólido conocimiento profesional y su magisterio al transmitirlo en sus escritos. Me precio de que hayan sido mis amigos, pero aún más de haber compartido páginas con ellos.

Mi anterior columna se la dediqué al beato Óscar Arnulfo Romero y Galdámez. De ella, como colofón hoy, rescato una frase del cardenal Ángelo Amato, enviado del Papa: “Su caridad se extendía a los perseguidores”. Ésa es, posiblemente, la más hermosa cita que he incluido todos estos años. Confío en que sean muchas más.

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