Columnistas

Campañas sin fin

La pelea para captar preferencias se resume en estar de acuerdo o no con el proceso de cambio

La Razón / José Rafael Vilar

01:56 / 14 de mayo de 2013

Desde octubre de 2005, Bolivia está en campañas electorales sin descanso ni fin (2005: elecciones generales y de prefectos. 2006: Asamblea Constituyente y Referéndum Nacional Vinculante. 2008: elecciones para elegir al prefecto de Chuquisaca y Referéndum Revocatorio. 2009: Referéndum Dirimidor y Constituyente, elecciones generales y Referéndum Autonómico. 2010: elecciones departamentales y municipales. 2011: elecciones judiciales y municipales —Sucre, Quillacollo y Pazña—. 2012: elecciones municipales —Chúa Cocani y Huatajata— y consulta en el TIPNIS. 2013: elecciones para Gobernador en el Beni… Sólo 2007 sin proceso electoral).

Todos estos procesos se han ido convirtiendo en plebiscitos Gobierno-oposición; mientras que las elecciones locales (municipales, consultas y departamentales) se han dado como estandartes proyectivos para 2014. Apoyados en encuestas profusamente difundidas (la mayoría correctamente hechas pero mal interpretadas, voluntaria o involuntariamente), tirios y troyanos (Gobierno y oposición) se han adjudicado el triunfo en 2014, desde que después de abril de 2010 empezaran a hacer campaña para los siguientes cuatro años.

Con un candidato definido gubernamental (más allá de la decisión del Tribunal Constitucional), desde el primer momento y un espectro opositor sin candidato reconocible que no acaba de unirse (como la mayoría de los países bolivarianos, a pesar del ejemplo de la oposición venezolana) y cuyos éxitos locales (Sucre y Beni, principalmente) no serían extrapolables, al menos hasta ahora, los comicios de 2014 pueden convertirse en una diferenciación manifiesta entre preferencias urbanas y rurales; además, pueden llevar a la desaparición de sectores opositores que se encasillen en consignas falladas, ya sea por superadas o por falta de atractivo para la población.

Hasta ahora en Bolivia, como también ha pasado en otros países bolivarianos, la pelea para captar preferencias electorales se resume en estar de acuerdo o desacuerdo con el proceso de cambio (personalizándolo), y adolece de ideas programáticas más allá de las coyunturales urgentes. Los 19 meses que faltan hasta las elecciones serán fundamentales para conocer si la unidad opositora fructifica y si el voto duro de migrantes (progubernamental excepto en EEUU y que por primera vez incidiría) influenciará o no los resultados.

Dos. Cada vez que vengo a Costa Rica, admiro más este país (al margen de su medio ambiente conservado patrimonialmente). Sin ejército; con una Policía con buena percepción ciudadana; donde a dos expresidentes los han condenado por corrupción, uno fue aceptar una consultoría; los políticos debaten con “insultos” que pueden parecernos leves cortesías. Le debo una columna.

Tres. Días atrás, murió Evelio Leiva en Madrid. Para los que lo conocieron en Bolivia, sus clases en el INMAE permanecerán en su recuerdo. Vivió entre Cuba, Argentina, Bolivia, España y Francia y siempre derrochó alegría. Hoy debe estar haciendo reír a los ángeles.

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