Columnistas

Cañada Strongest, colores del coraje

La mayor victoria llegó de la mano y coraje del equipo que más y mejores soldados aportó a la guerra

La Razón (Edición Impresa) / Ricardo Bajo *

23:59 / 23 de mayo de 2017

En Cañada Strongest el soldado boliviano se cubre de gloria. Ataca igual que el tigre que defiende los dominios de su selva. Arrolla como el viento que nadie detiene. Se descuelga de los riscos andinos para bajar a las llanuras de-sérticas; abandona el valle manso para hollar la tierra estéril de las arenas blancas; sale de los bosques tropicales para escurrirse dentro del monte chaqueño, poblado de enemigos.

1934 es el año de la ofensiva de Paraguay en la absurda Guerra del Chaco. Campo Grande, Alihuatá y Campo Vía han caído en manos enemigas. El presidente Salamanca ha destituido al general Hans Kundt. Los coroneles David Toro y Ángel Rodríguez, ambos stronguistas, se hacen cargo de las operaciones. Estigarribia quiere tomar Santa Cruz y Tarija y quedarse con los campos petrolíferos. Cañada Strongest es el último escollo.

Llega mayo. La batalla de Cañada Strongest tiene tres frentes. El eje principal es la Novena División Boliviana, cuya tenaz resistencia desbarata la embestida paraguaya, atacando su retaguardia. Nuestra victoria, una notable maniobra de flanco, es netamente táctica y representa el triunfo de los movimientos sorpresivos e inteligentes sobre la fuerza bruta.

La heroica aviación boliviana destruye baterías de artillería. El capitán Santiago Alfredo Pascoe Moscoso, hincha de The Strongest, sale el 21 de mayo en su avión Curtiss-Wrigth Osprey de Puerto Suárez rumbo a las líneas enemigas. Una tormenta le obliga a un aterrizaje forzoso y muere en la población de San Lorenzo (Viejo), hoy Roboré.

Los siguientes días reina el silencio y las horas pasan con angustia. El miércoles 23 llegan las primeras buenas noticias: “Nuestras tropas rechazaron los ataques del enemigo en Cañada Strongest”, titula La Razón. Esa misma noche, un teletipo de la británica agencia Central Press confirma la victoria: “En los momentos más álgidos de la batalla, los comandos divisionarios paraguayos huyeron cobardemente, dejando abandonados a su propia suerte a sus combatientes”.

En Villamontes es noche de fiesta. En La Paz, las pizarras de los periódicos contagian la euforia. Una imponente marcha recorre las principales calles del centro. Los “hurras al Strongest” y los “viva Bolivia” se confunden en la noche embriagada de fervor patrio.

El 24 de mayo el júbilo reina ya en toda Bolivia. Los periódicos se agotan: “las armas bolivianas obtuvieron un gran triunfo en Cañada Strongest”. Los festejos se extienden por Oruro, Santa Cruz, Trinidad, Cochabamba, Tarija, Sucre, Larecaja, Chulumani... hasta el último rincón donde ha llegado el radiograma de Villamontes. Las ondas de radio Illimani replican la hazaña de los soldados stronguistas que pelearon multiplicándose en bravura. Cuenta la leyenda que debajo de sus casacas lucían la oro y negro.

Las señoras y señoritas socias del club The Strongest se dirigen al general Peñaranda y al coronel Bilbao Rioja en sendas misivas: “Corazones de madres, esposas e hijas de stronguistas, agradecemos con exaltación fervorosa de patriotismo el laurel conquistado. Definitivamente, el club se ha incorporado a la historia de la guerra por la acción de Cañada Strongest”.

En pleno retroceso de Bolivia, llegó la mayor victoria de la mano y coraje del equipo que más y mejores soldados aportó a la guerra.  El score final es contundente sobre el field de batalla: más de medio millar de bajas enemigas y 1.380 prisioneros, entre ellos 67 oficiales paraguayos, más de la mitad de los capturados en toda la contienda. Nunca The Strongest se confundió tanto con la patria, nunca antes ni después un club de fútbol había vencido en las trincheras. 

Un día como hoy, hace 83 años, Cañada Strongest fue orgullo, fue valor, coraje, arrojo y sacrificio de soldados que jamás dejaron de ser stronguistas; de gualdinegros que atacaron y vencieron, que alzaron orgullosos su bandera y su fusil, que surcaron los cielos para defender nuestra tierra, que escribieron una de las más luminosas páginas de gloria, teñida de los más vivos colores del coraje, el amarillo y el negro.

* es periodista y director de la edición boliviana del periódico mensual  Le Monde Diplomatique.

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