Columnistas

Capitalistas de Fencomin

El liberalismo de los cooperativistas de Fencomin apuesta por el capitalismo más salvaje.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:11 / 27 de agosto de 2016

En los últimos días en distintos medios de comunicación vemos a varios dirigentes de la Federación Nacional de Cooperativas Mineras (Fencomin) lucir guardatojos o cascos de mineros, acompañados de un discurso poco convincente pero cada vez más violento, en palabras y en los hechos. En su retórica casi siempre amenazan con tomar las calles de la ciudad de La Paz, incluida la cárcel de San Pedro, para liberar disque a sus compañeros detenidos; además de “bloquear” las carreteras de la región andina, como lo hacen en estos días con resultados lamentables, que han dejado decenas de heridos y al menos dos muertos.

A pesar de camuflarse en ese casco minero para hacernos creer que aún son trabajadores y revolucionarios, en realidad se han transformado en otro tipo de actores inescrupulosos. Desde hace varios años este sector ha perdido la conciencia obrera y revolucionaria, abrazando las filas del empresariado capitalista. Por lo tanto, hoy en día cuesta creerles que aún sean proletarios bolivianos valerosos, sufridos, explotados y que trabajan en las entrañas de la Madre Tierra. ¡Qué lejos ha quedado esa representación gallarda de los mineros, vanguardia de las luchas sociales y revolucionarias, que apostaban siempre más allá de sus reivindicaciones de clase, es decir, por el país! Hoy la Fencomin no es más que una caricatura, una forma de organización de viles traidores de los trabajadores obreros y del pueblo boliviano.

Conviene recordar que el movimiento obrero en el mundo se desarrolló bajo tres ejes: la reivindicación política, la organización sindical y el cooperativismo. El verdadero cooperativismo nació en el mismo medio social, en la misma época, de la misma miseria proletaria y de la misma opresión. Lo que distingue el verdadero cooperativismo de las demás formas de organización de los trabajadores es la creación de empresas colectivas, gracias a las cuales se escapan de la explotación de la que son víctimas por parte de las empresas privadas. De todos estos principios en la Fencomin ya no queda nada, o casi nada, para no ser exagerados, pues la relación y los convenios con 31 empresas privadas y los intentos de tener mayores sujeciones con las transnacionales y privilegios con el Estado Plurinacional es la verdadera identidad de esta organización. Utilizan a sus trabajadores o pagan a comunarios para que participen en los bloqueos a fin de hacernos creer que el pueblo es el que se ha movilizado. La toma de rehenes y las humillaciones perpetradas a los policías nos lleva a la preguntarnos a qué forma de capitalismo apuesta la Fencomin. Y la respuesta parece ser a asumir las acciones más inhumanas contra quienes se interpongan en su camino. Esta forma de liberalismo apuesta por el capitalismo más salvaje. Sabemos que su apoyo al “proceso de cambio” no es por convicción y menos aún por conciencia política. Sabemos que a cambio de ese “apoyo” usufructúan, entre otras, algunas embajadas y consulados de Bolivia en el exterior. Pero, ¿cuál es el comportamiento de los embajadores de la Fencomin? Fingir de grandes creyentes de la espiritualidad andina, incluso se autopublicitan como expertos en la cosmovisión andina, y por lo tanto, hacer suponer que creen en el “vivir bien”. Pero en realidad son simplemente empresarios que han encontrado un medio para expandir su sociedad y explotar mejor a sus trabajadores contratados, sin permitirles que haya algún sindicato. Uka Fencomin sarawipaxa, jaqi masisanakaruwa q’ala jawch’xapxixa. Uka sarawipaxa janiwa jiwasan thakhir uñjatatakiti. ¿Janicha ukhamaxa? 

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