Columnistas

Carlos Villegas

Carlos era mucho más que un puñado de grandes ideas, era un huracán de políticas y propuestas

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Ortiz Paucara

01:50 / 04 de febrero de 2015

A pocos días de la partida de Carlos Villegas, intentaremos describir algunos rasgos de Carlos, en el proceso de crear, construir y consolidar sus resultados. Podríamos llenar páginas y libros explicando su método, su forma de encarar el trabajo, una de sus más grandes pasiones. Carlos fue y será amigo, compañero, maestro, luz y líder. Luego que terminara una magistral exposición de las directrices para la formulación del Plan Estratégico Corporativo 2015 - 2019 de YPFB, una compañera de trabajo afirmó: Yo he conocido personas brillantes, pero Villegas es un espécimen de otra naturaleza. Y es verdad, Carlos era un hombre extraordinario. Era mucho más que un puñado de grandes ideas, era un huracán de políticas y de propuestas, que a su paso arrasaba con la ortodoxia y la mediocridad, dejando el espacio libre para construir lo nuevo, lo difícil, lo altamente complejo. Su zona de comodidad, era el hacer lo imposible, lo perfecto.

Ante un problema, deberías presentarle el problema y la propuesta de solución, resultado de un minucioso análisis de causas, variables y efectos. Carlos tenía suma claridad y transparencia sobre sus actos y una imprescindible mirada hacia el futuro. Todas sus decisiones estaban contextualizadas en lo nacional, en lo regional y hasta en lo hemisférico, en el marco de la estructura social, económica y política. Todo debería proyectarse al menos con un horizonte de diez años, y en materia de hidrocarburos, a 20.

Si cumplías una tarea en los términos por él esperados, deberías saber que a partir de ese momento tu trabajo y tus retos se iban a multiplicar. Si no entregabas un resultado que a él le sorprenda positivamente, tendrías como respuesta lo siguiente: Si no estaban en condiciones de cumplir con este trabajo, deberían decirme, oye Villegas, no puedo hacerlo; entonces yo lo hubiera hecho. Ahora se ponen a trabajar con dedicación exclusiva y en equipo, más bien que las noches son largas y en fin de semana también funcionan nuestras neuronas. Nos vemos el lunes a las 07.00 de la mañana.

Carlos Villegas, en medio de una reunión, en el transcurso de 20 minutos atendía la llamada de una autoridad, de un gerente, de un dirigente sindical, de un familiar. Al levantarse de la mesa, decía un momento por favor, volvía con una sonrisa, sin mostrar presión alguna, pedía disculpas y reiniciaba la reunión partiendo del punto exacto en que quedó, y lanzaba tres preguntas que ponía a todos en alerta máxima.

En el crisol de su genialidad, entre otras virtudes se fundía la humildad. Mientras más conocía y más se internaba en los conceptos, tecnicismos y detalles de las variables económicas, ingenieriles y comerciales, más afirmaba que a cada momento se aprende y debe aprenderse. Si todo lo supiéramos, no tendría sentido, significaría que no estamos avanzando. Carlos exigía que debiéramos cultivar la capacidad de reinventarnos, porque era la única vía para ir hacia adelante a pasos agigantados.

Fue un gran tomador de decisiones, siempre claras y transcendentes, las cuales asumía al cien por ciento, porque en cada una de ellas estaba puesto el interés de la patria y los objetivos de la nacionalización.

Carlos, te vamos a extrañar, te vamos a buscar. Y te vamos a encontrar en cada propuesta genial, en el proyecto casi imposible de realizar y en la construcción de una obra monumental y titánica. Sí, te vamos a encontrar en Bulo Bulo, en Gran Chaco, en Río Grande, en Lliquimuni, y en cada proyecto de hidrocarburos hoy, y en los siguientes 20 años. Gracias Carlos.

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