Columnistas

Intelectuales de pacotilla

La cada vez mayor mercantilización del ámbito académico limita la lucidez de nuestros intelectuales.

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

06:46 / 11 de julio de 2016

En el curso de nuestra historia el intelectual ha estado ligado a determinadas causas políticas y sociales, debido, sobre todo, a que no ha desempeñado su oficio en “los castillos de marfil de la academia”, sino especialmente en el campo político. La ausencia de condiciones económicas para la dedicación plena a la actividad académica explica esa historia. Hoy, la situación no ha cambiado, por lo que la cada vez mayor mercantilización del ámbito académico en el mundo limita la posibilidad de brillo y lucidez de nuestros intelectuales.

De hecho, la asistencia de nuestros estudiosos a congresos académicos internacionales suele ser bastante exigua. Pero éste no fue el caso en el XXXIV Congreso Internacional de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (LASA, por sus siglas en inglés), que se realizó en Nueva York a finales de mayo. Sin embargo, lo que llamó la atención en dicho evento no fue la asistencia de un grupo nada despreciable de bolivianos, sino el desvelamiento de un modo de ser común de estos intelectuales de congresos que dista mucho de la idea del intelectual comprometido con las causas políticas y sociales.

Diferente fue el caso, por ejemplo, de un grupo de estudiosos brasileños que, a pesar de sus diferendos, expresó su rechazo al “golpe” asestado por la oposición al gobierno de Dilma Rousseff. El rechazo de muchos intelectuales a la política antiinmigratoria de Donald Trump podría ser referido también como sentido de compromiso. De hecho, esas formas de expresión, muchas veces en forma de mitin, suelen ser comunes en eventos académicos internacionales, sobre todo cuando acontece un suceso políticamente relevante en la región.

Actualmente, nuestro país enfrenta uno de sus episodios más importantes en el litigio internacional con Chile. De hecho, a finales de mayo este litigio alcanzó una nueva dimensión con el problema de las aguas del Silala. Sin embargo, el intelectual tipo congresos no expresa una clara posición respecto a esos temas, que siendo proyectados a nivel internacional podrían generar lazos de solidaridad con nuestra causa, sobre todo si se considera que ese problema es histórico y no una mera cuestión de ocurrencia gubernamental.

Frente a esas causas se podría objetar cualquier obligación del intelectual, a partir, por ejemplo, de la idea de éste como un ciudadano global y como tal, opuesto a todo chauvinismo patriotero que marcaría su distinción con la plebe. Pero cuando la ocasión conviene, ese intelectual no solamente reivindica su gentilicio, sino que siendo crítico del gobierno puede ser capaz de complacerse con los logros de éste, frente a un auditorio del cual espera aplausos.

También podría objetarse la obligatoriedad del intelectual con aquellas causas a partir de un pensamiento bolivariano que, con base en el integracionismo, rechace todo conflicto entre naciones; incluso la objeción podría sustentarse en una posición marxista si identificara en las fronteras nacionales la legitimación de los intereses de las clases dominantes, pero está claro que nuestros intelectuales al acecho de reconocimiento no cojean con esas patas.

Precisamente, nuestros intelectuales podrían defender el derecho al librepensamiento y quizá este argumento es irrebatible. El problema es que esa lógica da cuenta de un intelectual que presumiendo “neutralidad” no se muestra ni como “apocalíptico” ni como “integrado”, sino como alguien cuya única causa parece ser su persona, lo que raya en un hedonismo exasperante; tan parecido al intelectual presuntuoso de sus logros individuales, pero que al pretender hablar con autoridad del país saca provecho de una situación política y social, cual intelectual de pacotilla o como un simple gorrón.

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