Columnistas

Carmen del Pilar

Estamos perdiendo valores básicos como el respeto, la honra y el amor hacia nuestros progenitores.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona Alejo

00:34 / 12 de agosto de 2017

Carmen del Pilar Chacón falleció el 8 de agosto, a los 64 años, en el Hospital del Tórax. Lo que más nos consternó y nos llenó de indignación fue el abandono que sufrió en vida en una funeraria de parte de sus familiares cercanos (hijo/a, sus parejas y otros). Una de sus amigas la rescató y la Policía la trasladó de regreso al Hospital del Tórax donde fue atendida. Se dice que estuvo en la funeraria cerca de 18 horas, pues los hijos esperaban que muera, ya vestidos de luto. Habían elegido el color del ataúd y estaban bien organizados para el protocolo fúnebre a seguir. Incluso habían adelantado el pago por los servicios mortuorios…

¿Qué ejemplo de hijos/as son los que esperan que su progenitora deje de existir? ¿Qué hubiese sucedido si los parientes no solicitaban el alta médica? Posiblemente Carmen seguiría hoy con vida. ¿Qué motivos llevan a los hijos/as a tomar estas actitudes inhumanas? Cada vez perdemos los valores humanos más básicos e imprescindibles, como el respeto, el amor y el cariño hacia nuestros progenitores. Está claro que los valores que se inculcan en las familias están siendo rebasados por otras formas externas de aculturación, donde no se distingue a quienes se tiene que “pisar” o “matar” en el camino hacia el éxito. Cada vez se hace más visible el interés material. Respecto a la actitud tomada por los hijos y parientes de Carmen, se podría interpretar que buscaron “deshacerse” de ella para arrebatarle sus bienes materiales. Se dice que era profesional, que tenía un departamento y un negocio exitoso. En fin, recuerdo una declaración de su hermano pidiendo colaboración a la gente para ella. Al respecto me pregunto ¿acaso él no puede ayudarla, siendo su hermano, en lugar de pedir ayuda a personas ajenas?

A pesar de las condiciones humillantes y dolorosas que Carmen sufrió por parte de sus parientes más cercanos se vieron también otras formas de solidaridad y hermandad. Aplaudo al Comandante General de la Policía boliviana, quien decidió enviar un custodio a la enferma, deduciendo que si bien había sido desahuciada por diversas complicaciones en su estado de salud, no se descartaba que algún familiar intentase hacerle daño en el hospital. Ni qué decir de su fraternidad de morenos, donde ella bailó y disfrutó en vida, quienes se encargaron de su atención durante los días que estuvo hospitalizada y luego de su entierro. Además, se sumaron ciudadanos comunes que acompañaron el cortejo fúnebre. ¡Carmen, paz en tu tumba!

Sabemos que los hijos (un varón y una mujer), el yerno y el dueño de la funeraria están encarcelados, acusados de intento de feminicidio. Toca a los administradores de justicia precisar la acusación y sancionar a los culpables por el delito mencionado.

En la realidad hay muchos padres y madres como Carmen que sufren situaciones análogas, a pesar de nuestras leyes protectoras; pero no se sancionan a los infractores. Por esta situación, urge afrontar de otra manera el trabajo de defensa, quizás declarando una especie de emergencia contra los atropellos ya cotidianos contra los padres y madres por sus hijos y/o parientes.

Recuerdo una recomendación aymara profunda que dice: Janiwa aykirusa, taykarusa jachayañati. Lliphus q’arawa sarnaqaña [“No hay que hacer sufrir al padre ni a la madre. (De lo contrario) toda nuestra vida no hallaremos la paz”]. Espero que este adagio se cumpla en la vida de los hijos y parientes de Carmen. Jicha pachanxa wawanakaxa janiw taykarxama, awkirxama uñjapxiti.

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