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El Carnaval

El espíritu festivo de unión y fraternidad era lo que la Iglesia propugnaba para el Carnaval

La Razón (Edición Impresa) / Ramiro Prudencio Lizón

05:21 / 10 de febrero de 2016

En estos días en que nuestro pueblo está festejando el Carnaval, no solo es menester hacer una alusión al origen de tan tradicional fiesta, sino también analizar las proyecciones que ella podría tener para incentivar el turismo en el país.

Al contrario de lo que cree comúnmente la gente, el Carnaval era una festividad eminentemente cristiana y contenía un profundo sentido teológico. Según la Iglesia, el hombre es por ontología un ser pecador por llevar dentro de él, el pecado original. Esa condición ontológica ocasionó durante la Edad Media que la Iglesia eligiese alegóricamente los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza como símbolos del triunfo del pecado.

Por lo tanto, el Carnaval está contenido en el año litúrgico. Comienza el domingo de quincuagésima, prosigue el lunes y martes de carnestolendas, y termina el Miércoles de Ceniza, primer día de la Cuaresma, donde el pecador debe iniciar su arrepentimiento. Pero como el hombre no solo es pecador, sino también reincidente, la Iglesia señalizaba este hecho permitiendo que el primer domingo de Cuaresma se reanudara el Carnaval. Ese día se recuerda, además, las tentaciones que sufrió Jesús por parte del Demonio, y se lo denomina Domingo de Tentación. Es decir que el mismo Cristo estuvo tentado por el pecado. Pero, naturalmente, por su extraordinaria fe supo vencer las demoníacas seducciones.

Luego del Domingo de Tentación continúa la Cuaresma, en la cual el hombre debía efectuar una vida de contrición con ayunos y abstinencias hasta llegar a la Semana Santa, y por último, al Domingo de Resurrección, donde finaliza la Cuaresma y comienza la liturgia del triunfo de Cristo.

El espíritu festivo de unión y fraternidad era lo que la Iglesia propugnaba para el Carnaval. Su deseo era que toda la población de una ciudad participara de este festejo sin distinciones de clases ni de sexo. Y eligió, como se mencionó anteriormente, las vísperas de Cuaresma para que se llevara a cabo, con objeto de darle además un sentido teológico.

Al continente americano, el Carnaval llegó con la conquista española y portuguesa. Posteriormente se fue mezclando con las tradiciones vernáculas ya cristianizadas. En Estados Unidos, país mayoritariamente protestante, solo se lo festejaba en los estados que fueron de origen católico, ya sea mexicano o francés.

En la actualidad, el Carnaval se está extinguiendo en la mayoría de los países americanos. Pero en otros como el nuestro, más tradicionales, fue evolucionando hasta constituirse en un acontecimiento típicamente nacional. Además, aquí se ha mantenido en general su esencia cristiana, ya que la gente hace promesas a la Virgen para bailar.

Días atrás se promulgó una extraña resolución que prohíbe jugar con agua. Eso es un exceso, ya que sin agua se podría decir que no hay Carnaval en nuestro país.

Pero es conveniente utilizar ese elemento con moderación y, además, no se debe mojar a la gente indiscriminadamente, sino solo a los que comparten una fiesta. Lo que sí se debe terminar definitivamente es el uso de pinturas. El pintarrajear las casas deja un aspecto deplorable a los centros urbanos, sobre todo en la ciudad y provincias de Santa Cruz.

Pues bien, aparte de ser una fiesta tradicional en el país, y por tanto muy digna de ser mantenida, el Carnaval ha demostrado que puede ser asimismo una fuente de riqueza. Es el caso de Brasil, cuyo Carnaval carioca se ha convertido en un foco turístico a nivel mundial. Guardando las proporciones, en Bolivia se podría hacer otro tanto. El Carnaval de Oruro, que cada año tiene mayor extensión, podría devenir también en un importante centro turístico del continente. Mucho más ahora que ha sido declarado patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco. Se podrían explotar también los carnavales de Cochabamba, Santa Cruz, Tarabuco y Tarija. De esta manera, aparte de ser un esparcimiento para nuestro pueblo, el Carnaval serviría para incentivar el turismo y constituirse con ello en un significativo ingreso para el país.

Es diplomático e historiador.

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