Columnistas

Carta Orgánica de La Paz-Chuquiago marka

Desde la Colonia hasta la actualidad La Paz siempre quiso imponerse sobre Chuqiyapu marka

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona *

01:09 / 22 de abril de 2017

Sabemos desde la historia que la ciudad de La Paz fue fundada sobre otra ciudad llamada Chuqiyapu marka, otrora aglutinadora de ayllus ancestrales de origen aymara y quechua, principalmente. Los actuales nombres de muchos barrios o zonas de esta urbe aún están en aymara y quechua, a pesar de la castellanización. Por ejemplo Calacoto o Qalaqutu, que significa “pila de piedras”; o Munaypata, que significa “loma del amor” en quechua, son una muestra de toda esa gran riqueza citadina e intercultural del pasado.

Está claro que, desde la Colonia hasta la actualidad, La Paz siempre quiso imponerse sobre Chuqiyapu marka. Sería largo enumerar los momentos de profundos desencuentros entre estas dos ciudades que tienen legados civilizatorios distintos.

En días recientes ha comenzado a circular el proyecto de la Carta Orgánica Municipal de La Paz, elaborado y publicado por el Concejo Municipal. Nos llama la atención la idea de cambiar el nombre de Nuestra señora de La Paz a La Paz-Chuquiago marka, que en términos de reconocimiento histórico a la ciudad ancestral es altamente plausible. No sé si el cambio de nombre permitirá la construcción real de la interculturalidad; pero al menos en el orden símbolo puede contribuir en esa tarea.

También creo que es tiempo de cambiar el nombre de varias ciudades de nuestro continente Abya Yala o América. Es el caso del Distrito Federal de México, que cambió a Ciudad de México; o el de Bogotá, Distrito Capital, que cambió a Santa Fe de Bogotá; o en Ecuador, Kitu Kara, que busca su reconocimiento a Quito, en fin.

Asimismo, llama la atención otros aspectos del indicado proyecto. La ausencia de pueblos en la ciudad de La Paz; por ejemplo Munaypata, hoy un barrio muy conocido de la ciudad, pero que en el pasado fue un pueblo quechua. El proyecto pone énfasis en el reconocimiento de símbolos paceños como el nevado Illimani, la kantuta roja, la chola paceña y las apachetas. Uno se pregunta, ¿por qué no están los símbolos de Chuqiyapu marka?; ¿pero cuáles son sus símbolos? Entre otros, el Apu Jillimani (hoy reducido a Illimani de La Paz), la Wiphala y el Año Nuevo Andino. Porque aquí se gestaron su resignificación contemporánea.

Respecto al aymara, en el proyecto se dice que este idioma es “prioritariamente oral”), dando a entender que solo será oral, y ¿con ninguna posibilidad de ser escrito, o mejor dicho de convertirse en un lenguaje escrito? Incluso el cerco a la sede de gobierno como estrategia anticolonial es un símbolo de las luchas y rebeliones de los pueblos aymara y quechua de Chuqiyapu marka. ¿Y qué hay de las wak’as? Las apachetas mencionadas en el proyecto no tienen gran significado, pero sí las wak’as, que cada vez se intenta extirpar.

Sugerimos corregir algunas palabras escritas en aymara, como qilthataniwa por qillt’ataniwa, uytthaytana por uyt’aytana, en fin. Está claro que para promover este intento de interculturalidad se debería tener una versión del proyecto de carta orgánica en aymara y otra en quechua, y no quedarse en la traducción de fragmentos como, ahora.

Tukt’ayañataki, aymaranakana ukhamaraki qhichwanakanxa Chuqiyapu markaxa jach’a markasaskchixaya. Jichhaxa una sarawisanakaxa yaqatanispawa sapxiwa una jach’a kamachinxa. Wali kusa ukaxa. ¡Jallalla Chuqiyapu marka!

* es aymara boliviano,  doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos y docente en la UMSA.

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