Columnistas

Carta Orgánica

Una Carta Orgánica es en cierta medida el alma de una sociedad, de allí la importancia de su aprobación.

La Razón / Ricardo Paz Ballivián

03:04 / 30 de julio de 2012

Es un lugar común decir que La Paz es la síntesis de Bolivia, y que en nuestra ciudad se ven contenidas todas las formas culturales, lingüísticas y espirituales de nuestra nación. La Paz es una sociedad abigarrada, donde se han mezclado, sin diluirse, los aspectos constituyentes de nuestra comunidad.

A partir de 1994, pero con antecedentes en la Revolución de abril de 1952, como resultado de la aplicación de la Ley de Participación Popular, los municipios del país fueron adquiriendo un protagonismo que antes les estaba vedado. De todos ellos, sin duda, el municipio más poblado en ese entonces empezó a cambiar su faz de manera acelerada.

Las nuevas competencias y atribuciones, que conllevaban una enorme responsabilidad, fueron generando la imperiosa necesidad de la institucionalización. Esta llegó definitivamente con el nuevo siglo, y desde entonces tenemos la gestión más larga de la historia municipal. El Movimiento Sin Miedo, con Juan del Granado primero por diez años y Luis Revilla que ya lleva más de dos, tuvo la oportunidad, y no la desaprovechó, de dotarle a la ciudad de un rumbo cierto y definido.

Hoy, a 18 años de la Ley de Participación Popular, La Paz tiene el de-safío de culminar su proceso de institucionalización con la redacción de su primera Carta Orgánica. El proyecto de Carta Orgánica que viene trabajando la municipalidad, bajo la batuta del actual presidente del Concejo Municipal, Omar Rocha, consta de 125 artículos, distribuidos en seis títulos, y se constituye en un documento muy bien trabajado, ordenado y que seguramente permitirá un debate amplio y pletórico, previo a la consideración ciudadana en un referéndum municipal, tal como manda la Constitución Política del Estado.

Y por supuesto que también dará lugar a la controversia sobre el carácter de nuestra ciudad. Ya algún radical aymarista ha salido a la palestra para reclamar la no inclusión de la wiphala como símbolo paceño, y el hecho de que mantengamos la denominación “colonial” de Nuestra Señora de La Paz. Por mi parte, debo decir que el proyecto rescata algo esencial de la contribución de la ciudad a la construcción de la nación: nuestra esencia mestiza y crisol de la unidad en la diversidad.

Una Carta Orgánica no es solamente la norma principal sobre la cual se deberá erigir el conjunto de la normativa local que administrará nuestras relaciones sociales; es en gran medida, como diría Hassen Ebrahim, “el alma de una sociedad” y de allí la importancia que tiene su aprobación.

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