Columnistas

Cataluña y la crisis española

El acelerado proceso nacionalista tampoco se entiende sin comprender las raíces de la identidad catalana.

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Montero

00:25 / 06 de noviembre de 2017

or razones del azar tuve la suerte de ser testigo presencial de los acontecimientos españoles que se presentan como una de las crisis más profundas de su historia contemporánea. Gracias a que en el ambiente político y social, tanto de Madrid como de Barcelona, era imposible hablar de otro tema, quisiera compartir algunas ideas que me permitieron comprender mejor la profundidad del problema.

La primera idea surge de la inusitada celeridad del crecimiento de una aspiración independentista que ha estado presente en toda la historia de la región, pero de manera marginal. Efectivamente, hace una década tan solo el 17% de los catalanes se definía independentista, pero a partir de 2012 quienes abogan por un Estado propio superan el 40%. El factor precipitante del proceso, para muchos, tiene explicación en la reforma del Estatuto de Autonomía Catalán. En 2003 empieza un proceso de reforma, que incluye la aprobación en referéndum popular del texto en junio de 2006. Sin embargo, en 2010 se conoció un recorte de las prerrogativas autonomistas por el Tribunal Constitucional. Esto fue asumido como una ofensa al pueblo catalán, que días después se volcó masivamente a las calles bajo el lema “somos una nación, nosotros decidimos”.

La segunda idea que logré comprender es que el acelerado proceso nacionalista tampoco se entiende sin comprender las raíces de la identidad catalana y su historia de resistencia. Las razones culturales que esgrimen algunos catalanes para querer convertirse en un Estado independiente son principalmente atribuidas a la lengua y a las costumbres que, según algunos, los diferencian de manera irreconciliable con España. Basta como ejemplo la anécdota sobre Gaudí, el famoso arquitecto de la Sagrada Familia, quien a sus 72 años supuestamente fue arrestado al negarse a hablar en castellano. En la comisaría, el jefe de la Policía le habría preguntado si acaso no sabía hablar el idioma. Gaudí habría respondido que sí, pero que se negaba a hablar esa lengua. El policía habría contestado: “¡Malditos catalanes! ¡Qué tozudos con ese dialecto de perros!”. Aferrados a su cultura, los catalanes son orgullosos de sus raíces y creen que, para poder preservarlas, la región debe autogobernarse.

Por último, están las razones económicas del problema. El argumento independentista es que pese a aportar un quinto del PIB de España, la reinversión en la región es mucho menor. Su PIB per cápita se sitúa con un valor superior a la media española e incluso a la media europea debido a que Cataluña ha tenido un elevado espíritu emprendedor, una alta capacidad de innovación y una conexión directa con otros Estados a través del comercio; lo que les genera el imaginario de que, siendo un país independiente, les iría mejor.

Todos estos motivos son fuertemente refutados por el Estado español e incluso muy discutidos al interior de la comunidad catalana. Sin embargo, es claro que se trata de un conflicto que necesitará mucho tiempo para ser resuelto, sobre todo por las profundas heridas causadas en la comunidad española. Se percibe claramente una polarización que, encontrando algunas razones, denota más bien posiciones emocionales que han invadido la cotidianidad de las familias, los espacios laborales y las calles. Mientras tanto, en nada ayuda un manejo tan torpe desde el mundo de la política que cada día encuentra formas más desafiantes de abordar el problema. La disputa simbólica entre los líderes de ambos bandos y las formas de confrontación que despliegan han provocado que muchos en la calle afirmen: “Si Rajoy y Puigdemont fueran mujeres, ya se habrían sentado a hablar”.

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