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Celac: unirse o morir

Parece quedar fuera de toda duda que el objetivo de este tiempo es la unidad de Latinoamérica

La Razón (Edición Impresa) / Grover Cardozo A

00:23 / 14 de febrero de 2014

Entre todas las miserias generadas por los gobiernos de los últimos 50 años, la que más daño nos hizo fue la incapacidad para unirnos y ayudarnos entre los países de la región, que individualmente representan una pulga para lo que hoy es la economía mundial.

Exceptuando a Brasil, México, Chile y Argentina, el resto de los países de América Latina se quedó en el siglo XIX en materia de desarrollo científico, tecnológico e industrial. Hoy, después de un oscuro periodo y de fuertes resistencias, la región está alzando la cabeza para mostrar su dignidad frente al mundo, a través de esfuerzos de unidad e integración que lanzan un gran mensaje: ¡Latinoamérica se pone de pie!

Lo observado en la II Cumbre de la CELAC permite este optimismo, y si bien el proceso todavía está en curso, parece quedar fuera de toda duda que el objetivo estratégico de este tiempo es la unidad de Latinoamérica, como lo fue para los norteamericanos en el siglo XIX, con la Unión Americana, o para los europeos entre 1970 y 1990, con la creación de la Unión Europea.

En los últimos 12 años, la lucha y reacción de la base poblacional permitió generar procesos políticos de nuevo tipo, que a su vez hicieron germinar liderazgos con mayor legitimidad y representatividad. Fruto de ese despertar son Chávez, Lula, Evo, Kirchner, Ortega y Correa; y con ellos recién se entendió que Latinoamérica es de los latinoamericanos, como Europa es de los europeos. Algo así de elemental.

El proceso de acercamiento fue posible porque se entiende lo que reza la sabiduría popular: “Un colihue (caña) es muy delgado y muy fácil de quebrar, pero si juntamos varios es difícil de doblar”. Durante años fuimos colihues sueltos y maleables, y los colihues sueltos y maleables, representados por gobiernos con escasa legitimidad social, permitían que recursos sean regalados al mundo por míseros centavos; que nuestras industrias —privadas y estatales— naufraguen frente a las transnacionales; que el analfabetismo no se tome como algo escandaloso; y dejaban que la base poblacional marginal del área urbana y rural sea presa de una muerte lenta y silenciosa por falta de alimentación y salud.

Hoy el mundo ha generado poderes muy fuertes que  buscan  perpetuar el control del planeta. Esos bloques son fuertes precisamente porque —como en el caso de Estados Unidos o la Unión Europea— expresan la unión de varios estados dentro de sí, lo que crea para ellos una descomunal sinergia política frente al mundo. Ante eso, la respuesta lúcida son los procesos generados por la Unasur, la CELAC y el Alba, que van tras la integración y la unidad.  En todo caso esa unidad debe avanzar con más celeridad, porque la consigna es “unirse o morir”, ya que vivir por mucho tiempo pobres es una forma encubierta de morir.

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