Columnistas

Ch’allar pero con agua

¿Cómo es posible que se pueda agradecer a la Pachamama rociando el suelo con el dañino alcohol?

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona

00:00 / 01 de marzo de 2014

Llegamos a la Anata andina, mal traducida como el Carnaval, que tiene sus orígenes milenarios en las prácticas de los ayllus, comunidades urus, aymaras y quechuas y su profundo respeto y relación con la Madre Tierra. Es el tiempo de la cosecha agrícola, como también de la t’ikha o el adornar con lana de colores a los animales; es el acopio de los frutos de la madre naturaleza que nos ha proporcionado en el último año. En el mundo urbano ese agradecimiento se traduce en la ch’alla a la casa o el negocio; a pesar de su diferenciación del mundo rural, es una forma de agradecer a la Pachamama. ¿Por qué se ch’alla con alcohol (aunque en estos tiempos se utiliza cualquier etanol, como cerveza, vino, etc.)?

Indagando la memoria de nuestros antepasados, constatamos que no siempre se ch’alló con el alcohol y su derivados, sino que esa práctica es producto del sistema de colonización impuesto. Sabemos que en la Colonia se expandió el consumo masivo del aguardiente; en la República se continuó con esa práctica, sobre todo obligando a los indios su consumo en las haciendas; y en tiempos del “proceso de cambio” se sigue ch’allando con alcohol, ahora influenciados con la tradición mentirosa del marketing de empresas alcoholeras que la promocionan. La ch’alla es un acto ritual en el que la persona rocía, esparce gotas de algún líquido como señal de agradecimiento a la madre Pachamama, es una manera de manifestar reciprocidad por los productos obtenidos, y esta ceremonia se realiza el martes de la Anata.

En este acto de relación de reciprocidad y cariño del ser humano con la Madre Tierra, ¿cómo es posible que se pueda agradecer a la Pachamama rociando con el dañino alcohol? Desde la memoria colectiva sabemos que, antiguamente, esta ceremonia íntima de la ch’alla se hacía con agua, más propiamente con el ch’uwa uma o agua cristalina traída de lugares sagrados como los jalsu uma o manantiales de agua, e incluso de algunas cascadas.

Aunque en nuestras malas tradiciones cuando alguien va a una fiesta se acostumbra invitarle alcohol/cerveza... y si rechaza esta invitación, es signo de desprecio, ¡qué manera de dañar a otro pensando que se hace bien y por cariño! Es importante señalar que por esta época aparece el “vino indio” hecho de maíz morado, que es un vino rústico, y se dice que es solo para la Pachamama. En esta exclusividad encuentro cierto aire de desprecio a la Madre Tierra, ya que no es apta para el humano pues es “lo peorcito”. ¿Cómo despreciar a la Pachamama rociando un producto dulzón, feo y rústico?

Varias comunidades indígenas del Ecuador, sobre todo de los pueblos kichuas de la sierra, tienen cascadas de agua, donde en cada fiesta, por ejemplo de San Juan en junio, utilizan esa agua en sus ceremonias, junto con las flores, en actos rituales de matrimonios locales, que se ha retomado en estos últimos años. Esta es otra señal de la importancia vital del agua cristalina en la ritualidad de los pueblos andinos.

Es aymara boliviano, doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos y docente en la UMSA.

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