Columnistas

‘El Chapo’ y ‘El Zurdo’

Sin la legalización de las drogas seguiremos dando de comer a los narcos y a las fuerzas que los combaten.

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri

01:23 / 19 de agosto de 2016

Ha estallado la guerra y promete ser sangrienta y larga. Pelean el cartel de Sinaloa contra sus rivales de la Nueva Generación de Jalisco. El secuestro del hijo del Chapo Guzmán es uno de los capítulos iniciales de la pelea por el mercado del narcotráfico en México. Esa es la zona tradicional de las plantaciones de amapola y de marihuana mexicanas y la ruta por la que pasa buena parte de la cocaína hacia la frontera con Estados Unidos. Zona de familias mafiosas, alguna de ellas gobernada por mujeres; de sicarios de antológica lealtad; de armas de guerra, cuya modernidad ya quisiera poseer el Estado Islámico; y donde la corrupción política y policial bate récords mundiales.

Y es la literatura la que nos ilustra sobre esto, a través de Elmer Mendoza y su detective Edgar El Zurdo Mendieta, uno de los personajes policiales que figura en el panteón de mis favoritos. Ser policía en México es trabajar en el propio infierno y El Zurdo no sale inmune. Todos los meses recibe el sobre manila con dinero que le entrega su jefe para equilibrar su presupuesto. Sin embargo, Mendieta es un hombre de principios que busca que se haga justicia, aunque para ello, a veces, deba unirse al cártel del Pacífico, cuya jefa, la letal Samantha, le debe más de un favor.

Claro está que es un héroe problemático, lleno de claroscuros, tan propio de la novelística moderna. Ha nacido en un universo degradado donde la frontera entre el bien y el mal es difusa, donde las fuerzas del orden son lo contrario a unos angelitos, y donde los políticos son mucho más pillos y sinvergüenzas que los más redomados sicarios. En un país donde la banda más sanguinaria de todas, Los Zetas, está compuesta por exmilitares de élite que, luego de que Vicente Fox los despidió, alquilaron sus servicios a la mafia hasta descubrir que ellos mismos podían dejar de ser empleados y convertirse en los capos de todos los capos.

Así está mi México lindo y querido. Un país que se desangra y donde las novelas son la más lúcida lectura de esta temporada en el infierno, como diría el muy atormentado Arthur Rimbaud.

La lucha contra el narcotráfico ha cobrado demasiadas vidas, motivado demasiado dolor, empoderado y enriquecido a muchos psicópatas, como para que no pensemos en soluciones que vayan más allá de la interdicción. Y no es un tema solamente económico, sino de salud pública. Sin la legalización de las drogas seguiremos dando de comer a los narcos, a sus sicarios y a las fuerzas que los combaten y que de paso también se enriquecen.

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