Columnistas

Ser Charlie Hebdo

La Razón (Edición Impresa) / La H Parlante - Rafael Archondo

05:00 / 19 de enero de 2015

Ellos se lo buscaron”. La frase me dejó helado. La leí escrita por un internauta taxativo que evaluaba la sangre derramada en París, el pasado 7 de enero, dentro de la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo. ¿Cómo se puede estar tan seguro del carácter justiciero de una masacre? Parece que la cautela era nomás lo aconsejable.

Tengo la impresión de que la inmensa mayoría de los defensores o críticos de la revista francesa ni siquiera sabíamos que ésta existía hasta aquel asalto mortal. No por nada su tiraje trepó de 60.000 a 5 millones después del crimen. Por eso no es tan raro que la Ministra de Comunicación se haya apresurado a calificar a Charlie Hebdo como de “ultra derecha xenófoba y cavernaria”. Ese error nos sirvió para aprender que más bien se trata de una publicación irreverente de izquierda, cuya única afinidad con la extrema derecha francesa es su crítica ácida al radicalismo islamista.

Averiguamos que el semanario lleva décadas faltándole el respeto a las religiones globales. Viene burlándose de todos los cultos bajo una inspiración atea o anarquista, según se vea. “Ni amos en la tierra, ni dioses en el cielo”, parece haber sido la consigna. Si uno hace eso, y ya lo dijo el Papa, toca las teclas sensibles de lo sagrado. “Entonces que se atengan a las consecuencias”, diría otro taxativo apresurado.  

La premisa de quienes endosan la sentencia de muerte de los caricaturistas es que el que juega con fuego, debe estar preparado para quemarse. La premisa de los demócratas es otra muy distinta: nada, ningún aspecto de la vida pública, puede cubrirse con un manto sagrado, ni siquiera una fe religiosa. Si aceptamos la primera, le estamos reconociendo a las religiones un fuero especial, un ámbito de inmunidad y privilegio. Si nos decantamos por la segunda, le estamos dando a cualquier individuo la facultad de confeccionar críticas letales de manera irrestricta.

Quienes han convertido a los matones de París en héroes justicieros proclaman que la libertad de expresión necesita frenos. Ah, pero no nos engatusen pues. Esos frenos solo pueden ser para impedir la discriminación, pero nunca para erigir zonas de ideas intocables. Toda idea puede y debe ser criticada. Lo que sí es inviolable es la dignidad de las personas. Atacar al credo islamista radical es necesario; discriminar a alguien por profesar una fe religiosa es inaceptable. Los que mezclan las dos cosas operan con astucia maliciosa. Quieren hacernos creer que fustigar el uso político e ideológico del islam es insultar a mil millones de musulmanes. No pues. Charlie Hebdo no satirizó la legítima opción por un culto, se mofó de los explotadores artillados de la fe con fines partidarios.

Entonces, “ellos no se lo buscaron”. Nadie espera morir por hacer una caricatura. No lo hace, porque sabe que la respuesta a una burla ofensiva es otra burla ofensiva de igual calibre. Tinta contra tinta. No eran balas, era un “Charlie Hebdo” islamista lo que correspondía como respuesta proporcional al agravio. Una religión que responde una blasfemia con pistolas se degrada al rango de sicario, y con mayor razón merece estar bajo el fuego de una sátira permanente.  

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