Columnistas

¿Todos somos Charlie?

Presidentes y ministros de gobiernos miembros de la OTAN no pueden levantar la voz contra la violencia

La Razón (Edición Impresa) / Cergio Prudencio

00:01 / 08 de febrero de 2015

Como reacción al atentado contra el semanario Charlie Hebdo en París, sobrevino una multitudinaria manifestación de repudio a la violencia como método de defensa de principios e ideales. Ese gentío, genuino en su perplejidad y dolor, se expresó por el entendimiento y la convivencia entre humanos. Y los congregados se multiplicaron. Porque en todas partes, el trabajador, el estudiante, la jubilada, el intelectual, el funcionario se avienen en esencia al viejo y desteñido credo hippie: paz y amor. La revolución de las flores sigue en el alma de quienes llegamos y pasamos por el mundo sin más pretensión que el asombro de vivir. Y somos muchos.

La disonancia con el espíritu de aquella exclamación planetaria la puso el cordón de mandatarios de Estado, procurando “encabezar” aquello que la espontaneidad ciudadana había constituido por sí misma.

Ellos, arrimados en la primera fila de las masas, deslegitimaron y empañaron la fuerza de la conciencia colectiva. Presidentes y primeros ministros de gobiernos miembros de la OTAN y de países subordinados no pueden levantar la voz contra la violencia. ¿Cómo pretenden?, si fuerzas militares del Reino Unido, España, Francia, Alemania, Israel, Italia, etcétera, están diseminadas y activas en vastas regiones del mundo, violando frecuentemente los derechos humanos, exterminando inocentes e imponiendo hegemonía política con fines últimos de usurpación. Lo sabemos. ¿Ellos embanderando la libertad? ¿Cuál? Será la suya en el ejercicio de prepotencia impune. Enmascararse en la sensibilidad de la muchedumbre no es solo un acto indigno e indignante, sino —sobre todo— una acción que confunde, con Charlie como medida de igualación. Charlie es así el pacifista de plaza junto a Benjamin Netanyahu; el discriminado inmigrado africano junto a Ibrahim Boubacar Keïta (presidente de Mali, anfitrión de Francoise Hollande en la invasión a su país); el profesor universitario junto al imperial David Cameron; la feminista de base junto a Angela Merkel. Todos son Charlie. “Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida”, como cantó Gardel.

Quienes siembran terror no pueden condenarlo. No tienen autoridad, y no les dejamos pasar el cinismo de impostarlo. Porque los bombardeos sobre aldeas civiles en Palestina, las torturas y vejámenes en Afganistán e Irak, las persecuciones y condenas ilegales sin fronteras, las cárceles secretas, y la caza generalizada de inmigrantes son semillas que brotan odio, irracionalidad, violencia y venganza. Ahí tienen la cosecha. “Y el mismo Padre Eterno que nunca fue allá, al ver aquel infierno lo bendecirá, que no tiene gobierno ni nunca tendrá, que no tiene vergüenza ni nunca tendrá, lo que no tiene juicio”, como canta Chico Buarque. Con permiso, entonces; así yo no soy Charlie.

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