Columnistas

Chávez embalsamado

Chávez encarna la figura del hombre providencial nacido para liberar al pueblo de sus opresores

La Razón / Jorge Komadina Rimassa

00:56 / 14 de marzo de 2013

Todo mito requiere un héroe y un relato. El héroe, de nombre Hugo Chávez Frías, nació el 28 de julio de 1954 y fue coronel de paracaidistas del Ejército de Venezuela. El 4 de febrero de 1992 intentó derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez; fracasó y fue encarcelado durante dos años. Cuando dejó los muros de la prisión se había convertido en un caudillo. Fundó un frondoso movimiento político y ganó las elecciones presidenciales en 1998, 2001, 2007 y 2012, en esta última hizo campaña con un cáncer terminal. No es todo: probablemente gane las elecciones de 2013, después de muerto.

Chávez nacionalizó empresas extranjeras, expropió latifundios, les mentó la madre a tres presidentes de Estados Unidos, vistió trajes Armani, tuvo mil amores, cantó rancheras en programas televisivos y creó un nuevo artefacto político: la República Bolivariana.

El relato mítico es más complejo que la Historia. No tiene fechas precisas, es circular, se desliza fácilmente de una versión a otra. El mito narra. Chávez encarna la figura del hombre providencial que ha nacido para liberar al pueblo de sus opresores. Su verbo inflamado desata la ira de los poderosos, pero vence a todas las fuerzas y obstáculos que encuentra en su camino. Vence porque ése era su destino.

El mito condensa las contingencias y azares de la historia en un relato que representa y “piensa” aquello que la razón no alcanza a comprender; es un modo de inteligibilidad, pero también una modalidad de acción política basada en la movilización de las masas y en la identificación imaginaria y simbólica entre líder y pueblo.  

La fuerza del mito procede, además, del solapamiento del pasado y el presente. Los dichos y hechos de Simón Bolívar se confunden con las actuaciones y discursos de Hugo Chávez; de hecho, el Libertador ha presidido e inspirado todos los actos del Comandante. No es casual que ambos compartan el mismo Panteón, lado a lado.

No es fácil comprender el lenguaje y la eficacia simbólica del mito político. Para el pensamiento político racionalista, sea liberal o marxista, siempre se trata de una superstición o de una fantasía, una representación de la época pre-moderna. Y sin embargo, allí están, el cuerpo embalsamado, mortal e inmortal, las gigantescas multitudes apiñadas para ver el rostro del caudillo durante un breve segundo, las iras de la oposición y la fidelidad de los votos. Irracional o racional, la política existe allí donde puede ser representada.

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