Columnistas

Chicheños, Carnaval en Brasil

Así es Bolivia en el exterior, ¡los bolivianos se llevan afuera su país entero!

La Razón (Edición Impresa) / Wilbert Villca López

09:12 / 12 de marzo de 2017

Por qué no lloraría en tierra de gente ajena? Añorando por mi pueblo mi corazón tiene ganas de llorar”, es el efusivo canto, en quechua, al son de la anata de los comparsistas de la Juventud Chicheña, residentes bolivianos en la ciudad de Sao Paulo, Brasil. Se trababa de viticheños, cotagaiteños, escareños de los Chichas de Potosí. Ellos, como otros, no son parte del marketing de los grupos folklóricos más conocidos para los ojos brasileños. En el cierre del Carnaval, el Domingo de Tentación, dieron un ejemplo con su hazaña.

Más de tres horas de una torrencial lluvia durante la noche no apagó la alegría, diríamos, honrosa a la denominación, de los valerosos chicheños. Solo una vez por año ellos se reúnen en la más que conocida plaza La Kantuta de Sao Paulo. Valerosos porque no se preocuparon por la mojazón de San Pedro. Casi un centenar bailó en círculo, sin paraguas, sobre un río, sobre un mar, pero ellos continuaron, bailaron sin cesar. No hubo comparsa similar de paceños, cochabambinos, ni orureños que desafiasen a la tormenta.

En la tradición chicheña se dice que si hay una pareja bailando, los músicos no deben parar; si apenas hay un músico ejecutando y muchos danzarines acompañando, el músico no debe parar: esa es la ley del Carnaval chicheño. A pesar de miles de kilómetros entre los Chichas-Brasil, estos preceptos fueron practicados por aquellos integrantes de la Comparsa Juventud Chicheña. Sí, faltó algo en esa fiesta de Tentación: el jatun jarro, es decir, la honrosa copa mayor de chicha que circula en las comparsas del sur boliviano.

Las esbeltas cholitas con blusas blancas, largas trenzas con tullmas, serpentinas multicolores, sobreros enflorados y bolsas en ambos lados engalanaron con su canto y baile como si fuese el último día de su existencia. Los jóvenes secundaban con la emoción, tenían sobreros negros, camisetas blancas con serigrafías coloridas y bolsas en ambos lados. Nelson Chilaca, un connacional de la población de Escara es el cabecilla, él desplaza sus fuerzas como si se tratase del único momento de su vida. Soy el próximo pasante, dice con orgullo. Los brasileños observaron con admiración a los chicheños, solo hubo una justificación para responderles: Chichas es la tumba del último tirano español.

Durante la tarde, mientras no llovía, la plaza La Kantuta se engalanó con la presencia de las comparsas bolivianas. La tarqueada Vientos del Ande dio un aire orureño con su perfecta ejecución de la anata. El Grupo Caporales Kantuta fue galardonado como la mejor comparsa del Carnaval. Centenares de adolescentes (muchos de ellos nacidos en Brasil) hijos de bolivianos circulaban la plaza con espumas y chisguetes dando un ambiente carnavalesco de las urbes bolivianas.

Los ch’utas no faltaron; Los Fanáticos resaltaron con sus vivos rojo, amarillo, verde y la wiphala en sus elegantes disfraces importados desde Bolivia. Bombos, tambores, trompetas, platillos, anatas, mozeños, trajes, etc., son llevados desde Bolivia con cauteloso cuidado que requieren esas obras de arte: ¡Bolivia está en Brasil!

“He buscado una razón para olvidarte guaruleñita”, cantaba de forma coquetesca y picaresca el pepino de los ch’utas en su paso por el palco improvisado, mientras un orador en aymara realzaba a las tradiciones. Así es Bolivia en el exterior, ¡los bolivianos se llevan afuera su país entero!

Es doctorante de la Université Sorbonne de París.

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