Columnistas

Chicote y justicia

La Razón (Edición Impresa) / A fuego lento - Édgar Arandia

00:00 / 13 de noviembre de 2016

La justicia es una de las expresiones del poder. Durante la evolución de la humanidad, ésta fue dispuesta tanto de los tronos como desde los parlamentos. Sus legislaciones servían para proteger el proyecto de vida de los grupos hegemónicos. Están escritos y se denomina Derecho Positivo. Para que la justicia o derecho consuetudinario sea reconocido tuvo que pasar mucho tiempo. Una de sus características es su oralidad, trasmitida por sucesivas generaciones; tiene su propia estructura según las culturas que habitan los territorios a donde no llega la justicia ordinaria.

Durante el incario se estableció la triada ama sua, ama llulla, ama k'ellapara homogeneizar la conducta de sus pobladores conquistados, y cuya interpretación —hasta hoy— tiene diferentes lecturas. El inca era el único legislador, mandaba aplicar las penas y era el único que podía conceder el perdón. El tucuy ricuc (el que todo lo ve) era el principal funcionario, fiscalizador del Estado y administrador de justicia, cuyos casos registraba en los quipus. El castigo era corporal y moral, considerado más efectivo que las penas pecuniarias.

Durante la Colonia, esta forma de impartir justicia fue quebrantada y suplantada por otras normas, dirigidas a favorecer a los interese de los conquistadores. Muchas de estas innovaciones fueron adoptadas durante la República, como por ejemplo los asentamientos que destruyeron el ordenamiento geográfico, social y político de los pueblos originarios. Las Leyes de Indias fueron un espacio importante de reivindicación porque declaraban a los pueblos indígenas vasallos libres de la Corona española y la aceptación de sus costumbres.

En 1825, durante el inicio de la República, Simón Bolívar dictó una resolución extinguiendo la autoridad de los caciques, consolidando el ordenamiento bajo la lógica del liberalismo clásico, y tendiendo un puente con el colonialismo. Durante todo el proceso previo a la Guerra del Chaco Bolivia mantuvo las estructuras colonialistas. Sobre el tema, el historiador Klein dice: “La sociedad boliviana de 1930 seguía siendo en muchos aspectos la misma que había sido en 1825. A pesar del dramático crecimiento de la urbanización, la minería y el movimiento laboral desde 1900, la mayoría de la nación aún seguía perteneciendo al sistema agrario latifundista de la Colonia”. La revolución del 52 destruyó las unidades de producción y generó el minifundio, empobreciendo aún más a los pueblos originarios; todas sus normas fueron audazmente desviadas por la clase hegemónica, que se montó al carro revolucionario.

En 1989, Bolivia ratifica el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el que se dispone y señala la revalorización de la justicia comunitaria. En su artículo 5, acápite b), dice: “Deberá respetarse la integridad de sus valores, prácticas e instituciones de esos pueblos”.

La Constitución Política del Estado de 2009, en sus artículos 171 y acápites 1 y 2, reconoce la personalidad jurídica de las comunidades indígenas y campesinas, y de las asociaciones y sindicatos campesinos el derecho consuetudinario o la Justicia Indígena Originaria Campesina ( JIOC). Uno de los símbolos que se usa, tanto en las tierras altas como en las bajas, es el chicote, instrumento usado por la autoridad del jilakata. Otro chicote más pequeño, con tres puntas, es el kimsa charani, una prolongación del chicote suriyawu para la justicia y educación doméstica.

El pueblo mojeño ignaciano tiene a la guasca para impartir justicia y sus azotes están reglamentados: la primera falta, 12 azotes; la reincidencia, 25; y si las faltas son graves, una arroba de guasca, 50 azotes. Los chiquitanos de Monte Verde y Lomerío tienen el chicotisch, llamado también “cuero de mocho” o “cola de peji”, es un instrumento que inspira respeto y temor. Asimismo, en el Palmarito de la Frontera se tiene la guasca para imponer el orden entre sus pobladores. Cuando la justicia comunitaria no puede resolver un conflicto muy grave, lo traspasa a la justicia ordinaria.

En la ciudad de La Paz, los bloqueadores del transporte público utilizan los chicotazos contra sus afiliados que no acatan sus continuos paros, convirtiéndose en una manera distorsionada de la justicia comunitaria. Ahora que ingresamos a una etapa de envilecimiento moral, acude a mi memoria el kimsa charani de mi madre, el cual, con solo mostrarlo, modificaba nuestra conducta.

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