Columnistas

Chile y el juicio del mar

¿Cuál es la hoja de ruta que usará Chile para eludir darnos concesiones en La Haya?

La Razón / La H Parlante - Rafael Archondo

00:00 / 29 de abril de 2013

Ahora que ya sabemos cuál es la estrategia boliviana en La Haya, las miradas se dirigen ansiosas a Santiago, a fin de escrutar reacciones. El peor consejo para ello es escuchar al presidente Piñera. Los jefes de Estado hablan siempre para sus electores, no para quienes quisiéramos conocer desnuda la estrategia chilena frente al documento que el canciller Choquehuanca ha remitido a la Corte Internacional de Justicia, el 24 de abril. Por eso prefiero revisar los criterios de dos juristas chilenos, ambos ya probados en el litigio que su país sostiene con Perú desde 2008.

La pregunta en concreto es: ¿cuál es la hoja de ruta que usará Chile para eludir darnos concesiones en La Haya? Analizamos acá las opiniones combinadas de Ximena Fuentes, docente de la Universidad de Chile, y Claudio Troncoso, exdirector de Asuntos Jurídicos del despacho de Relaciones Exteriores, entrevistados por CNN hace pocos días.

La gran noticia es que Chile no “se chachará” al juicio. Dado que ambos hemos firmado el Pacto de Bogotá, estamos obligados a tramitar pacíficamente nuestras controversias en La Haya. Demos aquí por aplaudida la reciente retirada de una reserva de Bolivia contra el artículo sexto de dicha convención. Ahí residía la única carta válida para obligar a nuestro vecino a presentarse ante los tribunales.

Pues bien, Chile asistirá al juicio del mar, pero he aquí su primera treta, lo hará para exigir de entrada que la Corte desista de tratar el tema. Su argumento más fuerte consiste en que si los jueces le impusieran a Chile la obligación de darnos un acceso soberano al mar, lo estarían obligando a revisar el Tratado de 1904, que fija los límites fronterizos entre ambos países. Si esto ocurriera, sostienen Troncoso y Fuentes, el fallo estaría vulnerando el Pacto de Bogotá, que considera resueltos todos los litigios entre países americanos sometidos a acuerdos antes de 1948. Pero ¿puede acaso la Corte jugar con hipótesis acerca de su posible sentencia antes de aceptar si es competente o no para encarar el pleito? En otras palabras, ¿no es acaso la materia principal del juicio restituir las vías de Bolivia hacia el mar, y sólo en forma derivada, modificar fronteras? Y la duda gigante que tal vez la Corte no tiene por qué absolver al inicio es: ¿puede darnos Chile acceso soberano al mar sin tocar el Tratado de 1904?

Demos ahora el siguiente paso. Si la Corte reconoce que tiene atributos para juzgar el reclamo boliviano, Chile habrá perdido su primera batalla. Conoceremos el resultado de esta escaramuza inaugural cuando Piñera haya dejado La Moneda en manos de su posible sucesora. A partir de ahí, Bolivia tiene que remontar la peor parte. Deberá demostrar que las reiteradas promesas chilenas de darnos franjas territoriales reúnen material suficiente como para fundar nuestro derecho a esperar que esos compromisos sean cumplidos. Si los 15 jueces de la Corte quedan milagrosamente convencidos de ello, Chile puede también, en última instancia, rehusarse a cumplir con el fallo. Estados Unidos hizo lo mismo cuando Nicaragua le torció el brazo en 1984 y ninguna fuerza del planeta pudo obligarlo a que compense los daños infringidos al sandinismo durante la guerra sucia de Reagan en la zona. Ay, pero claro, si ya logramos llegar tan lejos, podemos declararnos país-David, es decir, uno apaciblemente sentado sobre aquel Goliat aturdido. Victoria moral se llamaría.

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