Columnistas

Chile sin mar

Los medios de comunicación controlados diluyen las noticias para que no cumplan el papel de informar

La Razón (Edición Impresa) / Julieta Paredes

00:00 / 04 de octubre de 2015

Chile sin mar es una frase que se me ocurre a propósito de compartir aquí en Santiago con hermanas y hermanos del pueblo; frase con la que quiero graficar lo que devela la situación de la gente común y corriente hoy en Chile, aquellos resultados del laboratorio del neoliberalismo desde donde se lo concibió y reforzó.

Cuentan las y los hermanos chilenos que después de una dictadura atroz donde el miedo y la impunidad calaron el tuétano de la sociedad, se fueron ensayando diversas medidas económicas y los instrumentos para imponerlas. El control fascista en las calles todavía es cotidiano, los medios de comunicación controlados diluyen las noticias, para que no cumplan el papel de informar, un paso previo fundamental para reflexionar y actuar. El alza de las tarifas del transporte público se realiza sin que la gente diga ni chis ni mus. El dinero, o lo que se dice el efectivo, no se ve mucho, lo que manda es la tarjeta de crédito; es decir, que la gente vive endeudada, sujeta al imaginario de gasto y poder adquisitivo falso que se ha creado.

La Iglesia, que forma parte de los instrumentos de dominio, no cumple ni mínimamente el rol de consolar a la gente. Al contrario, las denuncias de abusos sexuales a niños, incluso de familias ricas, cometidos por miembros del clero son encubiertos por cardenales y obispos. Y si esto ocurre con miembros de la élite, imagínense los abusos cometidos a los niños y niñas pobres o a las mujeres que son consideradas seres inferiores en los seminarios de formación de los sacerdotes chilenos.

Están sin duda las y los que luchan, pero por si acaso quisieran escapar (es un manera de decir) en busca de mejores condiciones de vida, los pasaportes han subido de precio y van a costar cerca de $us 150. El Chile de hoy está vendido a las transnacionales del cobre. Son siete familias las dueñas del mar. Las inmobiliarias dejan sin techo a pobladores que se organizan para pelear por el derecho a una vivienda digna. En este contexto, la determinación de la Corte Internacional de Justicia ha generado una ola de manipulación mediática, que ha exacerbado el chauvinismo en el pueblo. Con calma y en diálogos de pueblo a pueblo tendremos, las y los bolivianos, que explicar el derecho que tiene la humanidad al mar, arrebatado por una injusta guerra, y que juntos tendremos que recuperar para los pueblos.

Estamos como feminismo comunitario en este Chile que ama la poesía; este Chile de la Violeta Parra, de Víctor Jara, y de Salvador Allende; este pueblo que se levantó y nos dio esperanzas en los 70; este pueblo que se sigue levantando y gritando utopías, pero que tiene que lidiar con el ruido ensordecedor del capital, las transnacionales, el individualismo y la desconfianza. Pero mi piel es testigo de la armonía y la calidez de los corazones que se amontonaron en cada una de las actividades que convocó Somos Sur, una corporación que nos invitó a dar charlas en distintos lugares como la Biblioteca del Archivo Nacional, universidades y poblaciones donde están los movimientos sociales autogestionando la esperanza y buscando el cobijo para que el futuro no tenga frío. Gracias Chile.

Es feminista comunitaria.

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