Columnistas

Choferes abusivos

No se vislumbra voluntad municipal alguna para darle a Cochabamba un transporte más humano.

La Razón (Edición Impresa) / Yuri Tórrez

00:13 / 28 de noviembre de 2017

De un tiempo a esta parte, de manera arbitraria y abusiva los transportistas se apoderaron de la ciudad de Cochabamba, para condenarla al peor transporte que se conoce por estos lares. Este autotransporte público es infame. Es una falta de consideración con todos los ciudadanos que cotidianamente utilizan este servicio. El transporte público urbano que hay es inhumano.

Los choferes se sienten dueños de la ciudad, a tal punto que subordinan a sus intereses mezquinos a las autoridades de turno, independientemente de su adscripción ideológica. Hace unos años, Cochabamba quedó paralizada simplemente porque los choferes presionaron para que uno de sus representantes vaya como candidato a diputado. Hoy Lucio Gómez, el exdirigente devenido en parlamentario, está sentado en uno de los curules de la Asamblea Legislativa Plurinacional. Este “honorable” diputado, el año pasado se opuso a cambiar el servicio que brindan los taxitrufis por uno masivo. Su principal argumento fue que ese transporte es una fuente de trabajo para los choferes. Entonces, para este parlamentario la mayoría de los usuarios de este transporte público en Cochabamba que se arruinen. ¡Qué abusivos!

Esos taxitrufis son como latas de sardinas, asfixiantes. Estos carros fueron diseñados para transportar a seis personas como máximo; sin embargo, para ampliar sus ganacias, los empresarios transportistas los adecuaron para ocho pasajeros. Subirse a estos taxitrufis es una incomodidad atroz. Es un martirio. Por causa de esa incomodidad cotidianamente hay peleas entre los pasajeros; en particular en el último asiento, adecuado para tres personas. Es un castigo. Mientras, cínicamente el chofer pide respeto a los pasajeros que se molestan por la incomodidad. Pero el abuso no se queda allí; esos choferes se enojan cuando alguien, en su legítimo derecho, pide el cambio de 10 centavos que le corresponde. De paso, imponen los ruidos tormentosos que salen de las radios, e incluso obligan a los pasajeros a descender para cargar combustible en los surtidores.

Y ni qué decir de los micros y colectivos viejos; muchos de ellos deberían pasar a cementerios de chatarras. No hay una renovación de esos vehículos. Y si algún afiliado quiere modernizar su micro o colectivo, es víctima de bullying. Hoy esas chatarras circulan impunemente por las calles cochabambinas contribuyendo con el humo de sus motores a un aire considerado entre los más contaminados de América Latina. Cochabamba está podrida en un aire contaminado. Según estudios, el 90% de la polución de Cochabamba obedece al parque automotor.

Mientras tanto, el Alcalde solo se preocupa de perseguir, como si se tratase de una cacería de brujas, a los ladrilleros asentados en la periferia de la ciudad, responsables de la contaminación en un 10%. Por otro lado, hace unos meses el gobierno municipal, evocando los tiempos lúgubres del manfredismo (génesis de la expansión de estas plagas), logró un acuerdo perverso con los verdaderos contaminadores del aire que priva a Cochabamba no solamente de un aire menos contaminado, sino también de un transporte digno. Esto a pesar de sus ofertas electorales en las que ofrecía a los cuatro vientos la implementación de buses más cómodos, a los que bautizó con el nombre de “Llajta buses”. Estamos en la mitad de gestión y no se vislumbra en el horizonte voluntad municipal alguna para darle a Cochabamba un transporte más humano. Algo hay que hacer. 

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