Columnistas

Choferes ‘qhusqhusus’

La mayoría nos alegramos de que  por fin haya una ley que regule el servicio de transporte público

La Razón / Esteban Ticona Alejo

00:31 / 12 de mayo de 2012

Al inicio de esta semana sufrimos nuevamente los que vivimos en Chuqiyapu marka la agresión de la confederación de choferes, quienes decidieron realizar un paro de transporte de 48 horas, bloqueando las calles centrales de la urbe paceña y de El Alto con su vehículos. Aunque viendo las escenas del bloqueo, más parecía una exposición de chatarras del transporte. Recuerdo que cuando era niño a los choferes les llamaban q’iwiris, que significa varias cosas, como conductor, chofer, pero también tergiversador y manipulador. Creo que éste último nombre aún expresa lo que son en la actualidad. En otras ocasiones también se les llamaba qhusqhusus, es decir, llenos de grasa, porque muchos eran a la vez mecánicos y casi siempre estaban revolcándose en el piso, reparando sus colectivos o buses.

Creo que la gran mayoría de los ciudadanos nos alegramos de que haya por fin una ley que regule el servicio de transporte en La Paz, que podría ser extensible a todo el país. Pero uno se pregunta, ¿será posible su implementación? La movilización violenta de estos choferes contra los usuarios es la primera muestra de que su aplicación no será fácil. Este sector siempre ha gozado de muchas exenciones en el pasado y sobre esa base han establecido el monopolio del transporte. Muchos dirigentes se han convertido en verdaderos capitalistas del transporte, que ocultan esta situación escudándose en una institución sindical. Además, según denuncian algunos honestos choferes, esta dirigencia se sostiene por medio de amenazas y el chantaje frente a sus bases, a las autoridades y la población en general.

¿Qué compromiso se puede pedir a este sector que sólo sabe usufructuar de las prebendas del poder en contra de los ciudadanos? Queda claro que hay entre ellos algunos dignos y honestos choferes, pero son muy pocos. En este conflicto es llamativo que la Policía no haya intervenido, permitiendo que se viole el derecho de transitar libremente a los ciudadanos. Uno se pregunta, ¿existe algún pacto entre la Policía y la Confederación de choferes? ¿Qué se negocia? ¿Las multas por cometer infracción los transportistas?

Precisamos de pasos concretos para quebrar el monopolio del transporte, como cristalizar la locomoción masiva, que conecte los ejes principales de la ciudad; deseo que no será sencillo. Pero también pensar en otras alternativas como un tren urbano; y para la ciudad de El Alto el transporte subterráneo, ¿por qué no? A estas alturas sabemos que al Gobierno central no le interesa buscar soluciones estructurales  al problema. Apenas se instituyó BoA, pero ¿en qué queda la idea de retomar actividades de la ex ENFE? se podría pensar en buscar su rehabilitación con trenes rápidos para viajes al interior.

Los choferes (a excepción de algunos buenos y honestos) han pasado de q’iwiris a jawq’iris, es decir, de manipuladores a chicoteadores  o huasqueadores, pero además hoy son wayqueadores y qaleadores; o sea los que saben atacar con piedras a los indefensos. Esta experiencia reciente nos muestra nuevamente que los choferes siguen siendo los qhusqhusus, no el sentido de grasientos, sino en el espíritu y alma oportunista que llevan dentro, que sólo les interesa ganar a toda costa.

Cuidado “chofercitos de mala suerte” que podrían tener días contados cuando el pueblo se enoje y decida relocalizarlos, como ha comenzado a ocurrir en Pasankeri, pidiendo “vía libre”, que es una manera concreta de romper el monopolio y el mal servicio.

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