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Cien años del ferrocarril de Arica a La Paz

Dicho acto fue una parodia, pues no sirvió para habilitar el ferrocarril desde Arica hasta La Paz

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

00:24 / 22 de mayo de 2013

La semana pasada se conmemoró el centenario del ferrocarril de Arica a La Paz. En efecto, el 13 de mayo de 1913, en una solemne ceremonia realizada en Arica, se inauguró oficialmente ese tren, en presencia de importantes comisiones representativas de Bolivia y Chile. La delegación nacional estuvo presidida por el presidente electo, don Ismael Montes, y por el canciller, don Alfredo Azcarrunz; mientras que la delegación chilena, por el ministro de relaciones exteriores, don Enrique Villegas.

En un acta suscrita ese día por el futuro presidente Montes y por los ministros de relaciones exteriores de ambos países, se dejó constancia de la inauguración y entrega del ferrocarril al servicio público. Además, se firmó otra acta entre los dos cancilleres, donde se dejó constancia de que, hallándose finalizada la construcción de la línea férrea, se iniciaba el plazo de 15 años fijados para la transferencia de la sección boliviana del mismo.

Según esa segunda acta, Bolivia recibiría en propiedad el tramo que cruza por su territorio,  a partir de 1928. Naturalmente, el motivo de esa determinación fue el deseo chileno de recuperar el dinero gastado en la construcción de esa importante obra. Es por ello que las reiteradas afirmaciones de políticos e historiadores chilenos de que en el Tratado de Paz de 1904, su país había efectuado grandes erogaciones de dinero no son ciertas. En lo único que gastó fue en saldar la deuda que todavía nuestro país tenía con los empresarios chilenos, cuyas compañías fueron confiscadas en nuestro territorio, durante la Guerra del Pacífico. Además, como menciona una publicación reciente efectuada por el Gobierno chileno sobre el Ferrocarril, éste contribuyó grandemente al progreso de la ciudad de Arica.

Pasados los 15 años, es decir en 1928, Bolivia recibió la sección del Ferrocarril que recorre por su territorio. Se firmó en Santiago el Protocolo Ríos (Rojas, el 2 de febrero de 1928) que determinó la entrega a Bolivia de dicha sección. Ese mismo año se suscribieron varias actas, por comisionados especiales de ambos países, para levantar el inventario, determinar las condiciones de la futura administración del ferrocarril, y preparar la entrega por parte de Chile de la mencionada sección boliviana. Lamentablemente, el trazado de la línea férrea fue deficiente, ya que llegaba a pendientes de 6% a 7%, lo que obligaba al uso de cremallera. A esto hay que agregar su muy angosta trocha de un metro. Pese a ello, el ferrocarril cumplió una importante etapa de la historia económica de Bolivia.

Actualmente, fue el propio presidente chileno, Sebastián Piñera, quien conmemoró el centenario del ferrocarril de Arica a La Paz. Pero, extrañamente, no se invitó a tan significativa ceremonia a las autoridades nacionales, principalmente de nuestra Cancillería. Sólo se lo hizo a los cónsules bolivianos de Arica y Santiago, y ellos no asistieron porque comprendieron que el evento solamente tenía una connotación local. Por lo tanto, se podría calificar a dicho acto de una parodia, ya que no sirvió para iniciar la habilitación del ferrocarril desde Arica hasta La Paz. El interés del Gobierno de Piñera se redujo a demostrar internacionalmente que su país había cumplido con el Tratado de Paz, es decir, que había reparado la sección chilena, que abarca la vía desde Arica hasta Visviri. Pero cabe la pregunta: ¿para qué puede servir la puesta en marcha de sólo un sector del Ferrocarril?

En consecuencia, sería procedente que el Gobierno de Chile se preocupara en proponer al de Bolivia la constitución de una comisión mixta para tratar específicamente los asuntos inherentes a toda la vía desde Arica hasta La Paz. Porque es menester estudiar conjuntamente el modo de llevar a cabo una verdadera habilitación del ferrocarril, para convertirlo en un medio efectivo de tránsito de mercancías desde Bolivia hasta el mar y viceversa. Así lo exige, y a perpetuidad, la Convención para la construcción del Ferrocarril de 27 de junio de 1905, complementario del Tratado de Paz.

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