Columnistas

Ciencia sin conciencia

El primer encuentro de científicos rememoró la vieja forma de entender la ciencia como tecnología

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

03:15 / 19 de enero de 2016

El Primer Encuentro de Científicos Bolivianos Radicados en el Exterior, organizado por el Gobierno para, en palabras de Evo Morales, “acelerar el proceso de liberación tecnológica y científica de Bolivia”, puede considerarse un esfuerzo loable, de no ser por una serie de aspectos que ponen en entredicho tal esfuerzo.

En primer lugar, el encuentro se presentó, a decir de Álvaro García, como una “iniciativa presidencial que demuestra que no existe una confrontación con el mundo académico”. Pero el encuentro contradijo ese argumento. Más si se considera la crítica que el mismo García hizo al sistema universitario con plena ausencia de las autoridades universitarias, las cuales entre los 120 participantes no aparecieron siquiera como convidados de piedra.

En segundo lugar, el encuentro de científicos necesitaba precisar su adjetivo, pues rememoró la vieja forma de entender la ciencia como tecnología, frente a su definición más básica como toda rama del saber humano constituida por el conjunto de conocimientos obtenidos mediante observación y/o experimentación. Es más, para Thomas Kuhn, un filósofo de la ciencia que gustaba de citar los otrora teóricos del proceso de cambio, la ciencia es una estructura de estudios y teorías establecidas sobre paradigmas generados por las comunidades científicas, las cuales al sustituir un paradigma por otro producen revoluciones científicas. En tanto estructura, la ciencia es así un conjunto amplio de producción de conocimientos.

En tercer lugar, y acorde con lo anterior, en el encuentro resultó sintomática la ausencia de científicos sociales, según lo cual tuvimos a un conjunto de científicos pensando en una ciencia para el desarrollo carente de visión social. Pero esta omisión es el resultado de esa especie de secuestro que han venido sufriendo las ciencias sociales y las humanidades a través de la conformación de “institutos de investigación” en las diferentes dependencias del Estado, particularmente la Vicepresidencia, desde donde en sus buenos tiempos, a la par de entronar a su adalid, se buscaba “pensar el mundo desde Bolivia”. Incluso este esfuerzo “descolonizador” contradice el sentido de un encuentro más adecuado al modelo extractivista mediante el cual se busca convertir a Bolivia en el centro energético de América Latina.

En cuarto lugar, contradictorio también resultó el cónclave integrado por científicos portadores de ideologías, modelos y paradigmas externos con aquel discurso de la producción de “conocimiento desde el sur” que tanto encandiló a pupilos de mentalidad provinciana; tales científicos representan además el vaciamiento de conciencia de nuestra realidad, ya que no viven las graves carencias y limitaciones locales. Más si se considera que esos científicos no provienen de países que experimentan efluvios discursivos antisistema sino con capacidades técnicas y económicas que resultaron atractivas para irse del país.

De ahí que los diagnósticos obvios respecto al rezago educativo del país, la ausencia de planificación y la crisis de la universidad hayan derivado también en la obvia idea de “potenciar” aparatos burocráticos, mediante la creación de un ministerio y una agencia de ciencia y tecnología, un centro de telecomunicaciones, un laboratorio de ciberseguridad; o en la creación de un fondo financiero para la investigación e innovación científica y el apoyo mediante becas, cuya discrecionalidad en su reparto es muy conocida. Es más, como corolario surgió la idea de conformar un consejo de científicos que fungiría como autoridad pedagógica desde el exterior, para producir ciencia en el país, esfuerzo que en otros países derivó en la feudalización del ámbito científico y la constitución de una aristocracia de sabios.

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