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Ciencia

El debate de lo que se considera o no científico ha marcado a una buena parte de la filosofía.

La Razón (Edición Impresa) / Farit Rojas Tudela

00:00 / 21 de julio de 2014

El debate de lo que se considera o no científico ha marcado a una buena parte de la filosofía. Desde racionalistas a empiristas, la discusión sobre conocimiento, certeza y verdad ha caracterizado a una buena parte de la epistemología. De manera general podemos decir que este debate sobre lo que se denomina “ciencia” tomó dos cauces: la denominada respuesta de la ciencia formal, y la denominada respuesta de la ciencia fáctica. La primera es estudiada por la matemática, la lógica y sus derivaciones; la segunda es estudiada por un amplio abanico de disciplinas: física, biología, química, entre otras.

La ciencia formal es también llamada ciencia pura, o en su versión pluralizada, ciencias exactas. Su objeto no es dado, sino construido por la misma ciencia formal. Tómese como ejemplo el número: unidad abstracta, vacía de contenido, pero condición de todo cálculo matemático. Los números son inteligibles, es decir, son objetos de conocimiento intelectual.

La ciencia fáctica, en cambio, basa su objeto en una realidad externa o fáctica (de hecho) sobre la cual se puede aseverar (no sin revisar constantemente la proposición aseverada) una regularidad en esta realidad externa, a través de estrategias inductivas (observación). En este sentido la ciencia sería aquel dominio del saber que intenta otorgar certeza, verdad y seguridad sobre sus postulados. Es indudable que la ciencia fáctica toma como base o modelo a la ciencia formal; es decir, busca la certeza y universalidad de los enunciados de la ciencia formal, busca ser tan exacta como puede ser la formulación abstracta de la matemática.

Imre Lakatos considera que el proceso de contraste experimental entre la ciencia formal y la fáctica no puede considerarse aisladamente; es decir, debe tomar en cuenta una dimensión compleja de la realidad, del objeto mismo de investigación, de esta manera Lakatos ha propuesto una estrategia de programa de investigación científica. Por un lado ha caracterizado una heurística negativa y una heurística positiva en el saber científico.

La primera (heurística negativa) tiene una finalidad conservacionista del saber científico, es decir busca reprisar un núcleo duro de saber; esta actividad no solo es evidente, sino también necesaria en el trabajo científico. En tanto que la segunda (heurística positiva) busca modificar el saber científico, es decir, generar nuevos hallazgos y en consecuencia, transformar este núcleo duro y a la vez ser innovador y propositivo. El desarrollo del saber, para Lakatos, depende de ambas estrategias, tanto de la heurística negativa como de la positiva. Lakatos despojó al discurso científico de su labor de decir la verdad única y dura, y proponía a partir de su heurística positiva la posibilidad de generar un nuevo conocimiento científico.

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