Columnistas

Ciudad bipolar

La Razón (Edición Impresa) / Imaginarios paceños - Carlos Villagómez

21:43 / 23 de mayo de 2016

Es difícil reflexionar sobre una ciudad, turbulenta y díscola, como la nuestra. Hay días en que sus calles son escenarios de actos violentos que te amargan y mortifican a extremos que te llevan a pensar en tirar la toalla y el teclado; y hay otros, en esas mismas calles, que te excitan y alegran a niveles esquizofrénicos. ¡Qué manera de ser tan contrapuestos!

En menos de 24 horas hemos pasado de auténticos dramas humanos (como el de los compatriotas con discapacidad o las imágenes de una mano que explota) a bailar, gozar y beber como posesos en la fiesta mayor de los Andes: el Gran Poder. Nuestra vida urbana pasó de un intenso drama a una chispeante comedia sin más vueltas, sin más trámites y en unas cuantas horas.

Somos una ciudad bipolar. Una ciudad con altibajos psíquicos como esa afección donde cohabitan sentimientos opuestos, y que es metódicamente estudiada por la psiquiatría moderna. Sin mediar momentos de larga estabilidad, aquí nos ladramos y nos besamos por igual. Somos unos bípedos con niveles anormales, y en paralelo, de tristeza y felicidad.

Quizás esa sea nuestra fortaleza. Todos sabemos que nadie se queda indiferente con La Paz. La odias o la quieres a muerte, pero nadie, ni habitante o visitante de esta extraordinaria ciudad andina, se queda indiferente.

Según los especialistas, la bipolaridad tiene fases. No sé en cuál de ellas estaremos, pero para todas nos sobran los síntomas. En su fase depresiva la bipolaridad presenta “falta de autoestima o ensimismamiento” con pensamientos anormales sobre la muerte y “cambios bruscos y repentinos como el abandono de la pareja”. ¿Te suena conocido?

En la fase maniaca los síntomas se disparan: “delirios de grandeza, creencias falsas en habilidades especiales, hostilidad, aumento en la actividad sexual, compromiso excesivo y dañino en actividades placenteras (andar en juergas, tener múltiples compañeros sexuales, consumir alcohol y otras drogas)” y, sobre todo, “verborrea (hablar más de lo usual o tener la necesidad de continuar hablando)”. Si desean pueden confirmar estos síntomas sintonizando cualquier noticioso, oficialista u opositor.

Vivimos en una ciudad que padece zarandeos mil y nadie ensaya visualizar su futuro. Por el momento, es bueno reconocer que padecemos bipolaridad urbana para iniciar un tratamiento con posibilidades de éxito, porque este mal se trata con sales de litio. Gracias a los dioses tenemos el yacimiento más grande del planeta: el Salar de Uyuni. Es tan grandioso que todos podemos tratarnos, mientras sufrimos y chupamos por los siglos de los siglos, amén.

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