Columnistas

Ciudad congestionada

Se ha determinado que la contaminación vehicular provoca problemas en la salud de la ciudadanía

La Razón / Patricia Vargas

00:00 / 02 de mayo de 2013

Alguna vez nos preguntamos ¿cuándo fue la última vez que vimos avanzar el tráfico vehicular fluidamente en el centro urbano y otros lugares estratégicos de La Paz? En los últimos años, esta ciudad ha consolidado su denominación de irritablemente congestionada por el parque automotor que cada día crece. El embotellamiento ha rebasado la tarea de control de la Unidad de Tránsito, especialmente en momentos caóticos, en los que en ciertas calles y avenidas se puede observar espectáculos de destreza al volante por parte de los choferes. Allí, los cruces violentos y cambios de carril de los motorizados revelan la necesidad que se tiene de ganar unos segundos para llegar más rápido al destino.

Sin embargo, es en esos momentos que se comprueba el total desinterés por la vida y seguridad del ciudadano de a pie, ya que en esos nudos de embotellamiento vehicular, el caminante que necesita cruzar a la acera del frente debe entremezclarse y circular esquivando peligros. Lo triste es que el peatón, a ciertas horas del día, no cuenta con la colaboración de las simpáticas cebras y menos con un semáforo peatonal. Una realidad que debiera motivar su asignación e instalación, respectivamente, en algunas esquinas del centro urbano, el lugar más concurrido de cualquier ciudad.

A pesar de todo, el embotellamiento diario no es un problema exclusivo de esta urbe, ya que más de una centena y media de ciudades han sido catalogadas como las más congestionadas, conflictivas y, por ende, las más riesgosas para la salud. Así, Estambul, Varsovia, Moscú, Stuttgart, Roma, Los Ángeles y otras (según escritos) son sólo algunas de las metrópolis donde se ha determinado —a partir de investigaciones— que la contaminación vehicular presente en los embotellamientos provoca problemas en la salud de la ciudadanía por la emisión de gases y partículas invisibles al ojo humano, pues ocasionan males respiratorios y cardiovasculares. Por todo ello, salta la pregunta: ¿se estarán analizando en La Paz nuevas disposiciones para el momento del ingreso de los buses municipales al centro paceño? O, en todo caso, ¿se habrá logrado acuerdos con los propietarios de los buses antiguos para evitar el incremento del congestionamiento vehicular?

Estudios en ciudades con problemas similares concluyen que el transporte masivo, al ser lento, puede empeorar el embotellamiento. Sin embargo, la necesidad de su funcionamiento en urbes como la nuestra también es una realidad irrefutable. Si La Paz desea mitigar las dificultades que acarrea el congestionamiento, deberá tomar decisiones serias respecto al establecimiento de nuevas regulaciones, acompañadas de distintas restricciones. Todas ellas basadas en prioridades y necesidades del corazón de la ciudad. De igual manera, los cambios debieran ser respaldados con campañas educativas que motiven, prioricen y recuperen el protagonismo del uso peatonal en calles y avenidas.

Cabe recordar que el espacio público es un orden de visibilidades y de anunciados, los cuales denotan que en los últimos tiempos (en esta ciudad como en cualquier otra) el habitante urbano adquirió el hábito del “uso desmedido del automóvil”.

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