Columnistas

¿Ciudades museo?

Las ciudades museo se han convertido en el centro de una economía sólida gracias al turismo.

La Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

01:51 / 22 de diciembre de 2016

Casi siempre hablamos del turismo como parte del futuro de las ciudades, pero cabe preguntar, ¿qué hacemos para construirlo? Y mucho más, ¿hacemos algo para atraer al turista, quien hoy se ha convertido en el inspirador de las ciudades museo? Nos referimos a las ciudades europeas que desde el siglo XVIII comenzaron a construirse con obras relevantes de arquitectura y arte que colaboraron para que hoy sean las más visitadas por un turismo exigente culturalmente.

En el siglo XVIII algunas de esas urbes vivían en un estado de elevada pobreza. Luego, en el siglo XIX, al transformarse en estados-nación, adquirieron una identidad propia y un desarrollo urbano que las fue fortaleciendo mucho más. En ese mismo periodo, además de demostrar que ya eran una entidad cultural sólida, la revolución industrial las empezó a convertir en zonas monetarias y en las ciudades más visitadas del planeta.De esa manera, el gran turismo ha convertido a las urbes de vida contemporánea en cosmopolitas. Tanto es así que actualmente esa realidad crea polémica en el habitante de cierto sector social que afirma que aquel visitante que se adueña de sus calles en realidad es un individuo que no pertenece a ningún lugar. Un criterio que toda ciudad turística debería omitir y más bien cambiar por “el turista no debe sentirse extranjero en ningún lugar”.

Así, las ciudades museo se han convertido en el centro de una economía sólida gracias también a la industria sin chimeneas, el turismo. Y si bien toda urbe turística exige erogación de recursos en la construcción, restauración y recuperación de obras de carácter histórico; además de la atención del transporte público y otro tipo de servicios, no cabe duda de que dichas inversiones producen ingresos significantes por el movimiento económico en hoteles, restaurantes, teatros y el comercio en general.

La Paz es una ciudad que ha vivido las experiencias políticas más importantes de la historia boliviana del siglo XX, lo cual debería motivar a relatar en imágenes, escritos y demás todas las etapas que configuraron la democracia del país. Rupturas y tiempos históricos trajeron consigo transformaciones estructurales que, si fueran expuestas en imágenes, atraerían a quienes tengan interés en comprobar cómo los pueblos construyen su propia democracia.

Está claro que el turismo que nos visita en la actualidad es más mochilero que aquel que tiene interés en empaparse con la cultura histórica de una nación. Es por eso que La Paz, si quiere alentar seriamente a ese rubro, debería llevar a-delante proyectos que atraigan a otro tipo de visitantes, ya que es evidente que La Paz tiene historia y cultura que contar y mostrar.

En cuanto a la infraestructura urbana, se debería dejar de mezclar, por ejemplo, los parques con significado histórico con otro tipo de funciones. Cabe cuestionar, ¿acaso no existen obras que deberían respetarse porque constituyen la memoria histórica de una nación, como es el caso de la plaza Villarroel?

Nos referimos a valorar la ciudad, reencontrar los rincones y lugares que relatan y exponen la historia política boliviana de los últimos 100 años. Esto seguramente motivaría a construir museos o recuperar edificaciones para renovarlas, apoyados en un archivo visual histórico que podría partir desde los inicios del siglo XX, seguir con la ruptura de la revolución del 52 y, posteriormente, dar cuenta de todas las etapas de la dictadura (tarea de historiadores). Toda ciudad museo proyecta una vida futura propia esencialmente si expone los aciertos y desaciertos con los que fue construida.

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