Columnistas

¡Ciudades para todos!

Los espacios públicos de la ciudad deberían permitir que todos se sientan libres y cómodos.

LaLa Razón (Edición Impresa) / Patricia Vargas

04:26 / 07 de febrero de 2013

Durante varias décadas muchas urbes han ido trabajando para convertirse en ciudades para todos, denominación cualitativa adquirida por la atención a personas con discapacidades, especialmente físicas. Esto llevó a los planificadores urbanos a presentar propuestas que exigían de cierta sensibilidad en su concepción, logrando con ello que el proyecto para todos postulase con ese eslogan la toma de conciencia sobre ciertos cambios en el trazado urbano (amplias aceras); de igual manera, se incorporaron nuevos equipamientos en los edificios (baños especiales). Posteriormente aparecieron las primeras adaptaciones, por ejemplo de los vehículos de transporte público, cuyas rampas deslizables colaboraron para que las personas de movilidad reducida se desenvolviesen solas por la urbe. Todo ello, apoyado por las primeras leyes que les otorgaban ciertos derechos para hacerles la vida más fácil.

En la ciudad de La Paz, se ha visto que en los últimos años se han incorporado rampas en las aceras. Asimismo, los proyectos han incluido áreas de baños para minusválidos, esencialmente las propuestas de carácter de uso público. Sin embargo, no todos han sido construidos. Lo extraño es que la presencia de personas con discapacidad en la ciudad no es muy usual, aún conociéndose que suman un buen número.

No cabe duda que la ciudad actual debe ser accesible. ¿Y qué significa ello? Que sus espacios públicos permitan que todos se sientan libres y cómodos, sin ningún tipo de barreras. Esto debiera motivar el pensar en la recreación y proyectar ciertos juegos infantiles; concebidos, dimensionados y construidos para niños que necesitan usar sillas de ruedas. Así, las plazas y parques cumplirían a cabalidad su sentido de espacio público, recibiendo a todos los niños que habitan en esta ciudad.

De igual manera el esparcimiento podría estar cruzado por conocimiento. Por ejemplo con la programación de circuitos urbanos a lugares accesibles. Nos referimos al ingreso gratuito a ciertos museos o lugares históricos, como sucede en otras ciudades, adaptados (por lo menos en sus primeras plantas) para el paseo de personas con discapacidades físicas. Sólo      creando nuevos puentes se logrará una real integración de esa parte de la sociedad a la vida cotidiana de la ciudad.

El repensar las urbes es una tarea permanente, ya que las nuevas situaciones obligan a plantear propuestas de lugares amables, donde el usuario sea el personaje más importante. Para ello sólo se requiere de lugares sencillos pero agradables, que colaboren a la ciudadanía a de-sestresarse y sobrellevar sus distintas realidades. De esa manera, la ciudad toda será accesible, porque atenderá a todos sus habitantes, sin distinción alguna.

Todo ello debiera estar acompañado de aceras de tránsito amplio y esquinas de avenidas libres de toda obstrucción. A la fecha, después de casi 15 años, el transporte público no ha terminado de aprender que existe una línea límite entre sus motorizados y la transitabilidad del peatón y de las sillas de ruedas.

La ciudad somos todos y el espacio público es un orden de visibilidades destinado a acoger una pluralidad de usos, lo cual lo convierte en complejo; sin embargo, si bien muestra las necesidades en esencia, éstas no tienen sentido si no obtienen respuestas.

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